El cuartel general de McLaren en Woking parece un escenario de La Guerra de las Galaxias. Concretamente, ése en el que los funcionarios imperiales a bordo de uno de los cruceros miraban temerosos cómo Darth Vader paseaba por una pasarela dispuesto a ahogar con la Fuerza al cargo que haya desobedecido o incumplido sus deseos. Porque los  empleados de la escudería británica están cayendo como moscas, incapaz la empresa de frenar la caída sin fin de un equipo mítico de la fórmula 1. Y en su lugar llegan nuevos eslabones de la cadena intentando remontar otra temporada perdida. El ingeniero James Key es el nuevo y cacareado refuerzo, uno que no sirve para asegurar que Fernando Alonso seguirá al volante la próxima temporada.

McLaren despidió en abril al que diseñó su chasis, Tim Goss, en medio de un proceso que la escudería calificó de “revisión de las operaciones técnicas como parte de su programa para volver al éxito”. Poco después de Goss, cayó el director de carrera Eric Boullier, la cara visible de McLaren en las pistas. A Boullier le sustituyó hace unas semanas Gil de Ferran, el mismo hombre que acercó a Alonso a la Indy Car. y ahora llega el nuevo responsable técnico del desarrollo de McLaren. James Key viene de triunfar en Toro Rosso como uno de los más reputados ingenieros del paddock, un intento más de encontrar las soluciones a los eternos problemas de motor y chasis que vienen lastrando a uno de los pilotos definitorios de la última década, mustiando al volante de McLaren.

Key, británico como la escudería, tiene aún que solucionar su contrato con Toro Rosso (filial de Red Bull) para hacer efectivo el traspaso. Pero a McLaren le urge, porque tiene que resolver qué hacer con uno de los mejores pilotos y de los mejor pagados de la parrilla, que acaba de decir que el 70% del trabajo ya en la temporada (que queda la mitad) va dirigido ya hacia el coche del 2019. Es decir, es el momento de que James Key meta mano en los planos del McLaren del año que viene, que aspire al menos a ser el cuarto mejor coche de la parrilla y no el sexto, como ahora. “Requiere tiempo, tres o cuatro meses de desarrollo y después el túne del viento… Es mejor seguramente invertir para el próximo año”, dio Fernando Alonso en la previa de los entrenamientos del Gran Premio de Hungría, donde McLaren espera volver a asentarse cómodamente en la duodécima plaza con Alonso y una retirada tranquila en el otro coche.

“Me quedan 10 carreras. Después del verano hablaré de mi futuro”, dijo Fernando Alonso cuando se le preguntó sobre si la llegada de James Key supone algún cambio en su mentalidad respecto a lo que hacer con McLaren. Parece que el asturiano está cansado de promesas y necesita hechos fehacientes para seguir, a sus 37 años, esperando la oportunidad para volver a luchar por un Mundial en la fórmula 1. 

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