El pasado mes de abril, David Ferrer se convertía en el héroe del tenis español, clasificando a su país para las semifinales de la Copa Davis. Era y es el culmen de la temporada del tenista valenciano, porque el resto de su curso ATP ha sido mucho más gris que de costumbre. No es fácil para un ex número 3 del mundo habituarse a tantas derrotas, por lo que el de Jávea empieza a plantearse esa posibilidad que tanto odia, con razón, la mayoría de deportistas. Ha sido él mismo quien lo ha reconocido durante una entrevista en el programa radiofónico El Larguero

“Unas semanas después de la Copa Davis nació mi hijo y estuve un tiempo en casa, por lo que me ha costado mental y físicamente volver a viajar. Desde que empecé no he obtenido los resultados que esperaba y no he ganado buenos partidos salvando la primera gira del año”, aseguró. Efectivamente, Ferrer arrancó 2018 con una trayectoria notable en el ATP 250 de Auckland, donde cayó ante Juan Martín del Potro en semifinales. Desde ahí, el desastre, incluyendo derrotas en primera ronda tanto en el Open de Australia (contra Andrey Rublev) y en Roland Garros (frente a su compatriota Jaume Munar). 

“Me está costando, pero es una realidad que acepto e intento llevarla lo mejor posible. No me gusta verme 62 del mundo cuando toda mi carrera he sido un jugador muy regular que ha estado más arriba, pero sé que tengo 36 años”, explicó Ferrer, que cayó a principios de semana en Hamburgo contra el alemán Rudolf Molleker, nacido en el 2000. Ley de vida, que se llama, por lo que el valenciano no rehuye de la palabra retirada. “No sé si serán dos, cuatro o seis meses. Sí que siento que una parte mía se está yendo, porque juego los torneos sin expectativas, haciendo lo que puedo”, sentenció. 

Muy relacionado con esto último, con los meses venideros, el de Jávea lo tiene todo muy claro. “Ahora voy a jugar un Challenger en Monterrey porque me han invitado, y será el último de mi carrera. Cuando acabe el U.S. Open me iré mucho en el ranking, así que para 2019 jugaré en donde me inviten, y si veo que no va bien emitiré un comunicado”, detalló al respecto, añadiendo que le gustaría decir adiós “en el Godó o en Madrid”. 

Ha sido la sincera explicación de un gran tenista español, posiblemente el mejor de los últimos tiempos exceptuando, por supuesto, al extraterrestre Rafa Nadal. No en vano, Ferrer acumula en su currículum 27 títulos, incluyendo el Masters 1000 de París en 2012, diez títulos ATP 500 o una final de Roland Garros, donde sucumbió en 2013 ante el citado balear. Además, el valenciano atesora la sexta plaza en la clasificación histórica de ingresos, por delante de leyendas como André Agassi o Boris Becker. Cuando se vaya, en definitiva, el deporte español perderá a un fenomenal jugador y profesional. 

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