“Siempre lo intentaste. Siempre fallaste. No importa. Inténtalo otra vez. Falla otra vez. Falla mejor”. Esta frase, obra del dramaturgo irlandés Samuel Beckett, acompaña a Stan Wawrinka desde hace años. El tenista suizo la lleva tatuada en su brazo izquierdo y, desde luego, no se la insertaron bajo la piel porque sí. El tres veces ganador de Grand Slam optó por estas palabras ya que representan a la perfección su filosofía de vida, un permanente positivismo que se está revelando más que nunca a lo largo de este 2018, el más duro en mucho tiempo en la carrera del jugador nacido en Lausanne. 

El último gran resultado de Stan the Man, de 33 años, data de hace más de un año, cuando sucumbió en la final de Roland Garros 2017 ante un huracán llamado Rafael Nadal. Desde entonces, tras una operación para curar su maltrecha rodilla izquierda, Wawrinka es incapaz de acercarse a su mejor nivel, ese que le permitía colarse en la fiesta de los 4 fantásticos (Federer, Djokovic, Murray y el citado español). Es un 2018 doloroso para el helvético, cuyo mejor resultado es la semifinal en el ATP 250 de Sofía, en febrero. Esta pasada madrugada volvió a perder, en primera ronda de Washington, frente al estadounidense Donald Young. Pero tirar la toalla no aparece en su diccionario. 

“Es extraño, porque me veo cerca. A nivel físico no tengo molestias y creo que golpeo bien la pelota. En los entrenamientos me siento con confianza pero después las cosas no salen bien. Está siendo un proceso largo y difícil para salir de esta espiral de derrotas. Pero sigo buscándome a mí mismo y sé que tarde o temprano volveré a mi mejor nivel”, explicó Wawrinka en la web de ATP tras su derrota ante el jugador local por 4-6, 7-6 y 6-7. 

Muy en relación con esa última frase, el suizo mantiene ese mensaje de optimismo que luce en su brazo. “El proceso continúa y va a ser doloroso si sigo acumulando tropiezos, pero también pienso que me llevó años ganar un Grand Slam y el esfuerzo siempre merece la pena. No pasa nada por seguir unos meses así y no quiero ponerme demasiada presión”, finalizó un tenista que ahora se prepara para competir en los clasificatorios para el Masters 1000 de Toronto, que arranca la próxima semana. Porque Stan Wawrinka podrá fallar, pero nadie tendrá razones para acusarle de no haberlo intentado

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