Mallorca es uno de los puntos más turísticos de España y eso lo saben mejor que nadie miles de alemanes que han establecido su segunda residencia (y en ocasiones la primera) en la isla mediterránea. Pequeñas ciudades e islotes enteros han sido colonizados, hasta el punto de que dos nombres muy conocidos en Alemania como el exciclista Jan Ullrich y el actor y director Til Schweiger viven puerta con puerta. algo que da para cimentar una relación de amistad como la que tenían ambas figuras, y también ir cimentando las típicas rencillas de vecinos. Hasta el punto de que Ullrich invadió la casa de Schweiger y acabó con sus huesos en la cárcel española.

Jan Ullrich debió de sentirse despechado cuando el actor famoso por su papel en Malditos Bastardos no le invitó a una apetecible fiesta en su casa con jardín al sol de Mallorca. Así que decidió autoinvitarse, saltar la verja que separa su casa de la de Schweiger y presentarse allí delante de los guapos invitados. Ullrich se encaró con el actor, se dijeron unas cuantas cosas y parece ser que llegaron a las manos. La policía intervino a petición del anfitrión, y Ullrich pasó una noche en la cárcel antes de ser llevado al juzgado (la imagen es deprimente, la de un Ullrich de 44 años casi sin camiseta como un turista británico que se hubiese excedido la noche anterior) y quedar en libertad con una orden de alejamiento de Schweiger.

La prensa alemana se pone las botas con esta historia entre dos vecinos y amigos, que habían cimentado su relación en los años que el ciclista estableció su residencia en Mallorca después de huir de Suiza. Los germanos temen que el incidente de Ullrich con Schweiger incida en los peores hábitos del exciclista después de terminar su carrera profesional. “Quiero ayudarle”, habría dicho el actor sobre su amigo, lo que hace pensar a más de uno que los problemas de Ullrich con el alcohol no son cosa del pasado y puede haber otras drogas de por medio. El ex vencedor del Tour de Francia salió de Suiza después de ser condenado por provocar un accidente de tráfico conduciendo bebido.

La prensa especializada en ciclismo cree que Jan Ullrich no está sabiendo lidiar en su vida cotidiana con las frustraciones de su carrera deportiva, una que estaba diseñada para marcar una época como una versión 2.0 de Miguel Indurain (un ciclista poderosísimo en la contrarreloj, autosuficiente en las subidas, de rodar implacable y gesto indescifrable en pleno sufrimiento). Así irrumpió en 1996 como segundo tras su compañero Bjarne Rijs y luego ganando el Tour al año siguiente. Luego, llegaría Lance Armstrong y le arrebató su época. En el 2006, Ullrich fue uno de los pocos encontrados culpables por la famosa Operación Puerto, la macrooperación contra el dopaje en España. 

Una frustración tras otra y una deshonra final del tramposo descubierto y finalmente confeso. La vida personal de Ullrich tras colgar la bicicleta tampoco ha sido un camino de rosas. Casado y divorciado dos veces, ahora con una tercera pareja, problemas reconocidos con el alcohol y ahora un comportamiento errático en su retiro soleado en Mallorca. El caso de Jan Ullrich y su amistad con Til Schewiger muestra las dificultades de los deportistas de élite en retomar una vida de civil.

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