Rafa Nadal no volverá a ser número 1 del mundo en Montreal. La misión era alcanzar las semifinales, y decidió aceptarla. Pero nadie contaba con que un joven héroe local, Denis Shapovalov, se convirtiese esta vez en el villano para Manacor. Un chaval de 18 años que hasta su triunfo contra el monarca de la tierra era más conocido por algún que otro desenfreno juvenil.

En cualquier caso, la victoria de Shapovalov sobre Nadal vuelve a poner de actualidad una recurrente cuestión en el tenis masculino mundial: cuándo las nuevas generaciones serán capaces de superar la autoescuela y los remedios antiacné para hacer frente a las hasta ahora intratables raquetas del Olimpo.

Una de estas criaturas lleva meses asomando su cordaje con perversas intenciones. Es Alexander Zverev, alemán de 20 años, actual número 8 del mundo, y vigente campeón del Masters 1000 de Roma y del ATP 500 de Washington. En la final italiana, además, dio cuenta de un tal Djokovic.

No cabe duda de que el menor de los hermanos Zverev es el ejemplo a seguir, y son muchos los que aspiran a ello. Un poco antes que el alemán se empezó a hablar del croata Borna Coric, precisamente la única víctima de Nadal en Montreal. Sin embargo, el balcánico padece la asignatura pendiente de los cachorros tenísticos, esto es, combinar una actuación memorable con varios batacazos consecutivos.

En esta última categoría podríamos incluir a Nick Kyrgios, un tipo al que le sobra talento pero también verborrea y malas formas. Australia haría bien en apostar por otro niño de origen griego, Thanasi Kokkinakis, cuya mente parece bastante más amueblada. Conviene no perder la pista a otro Aussie aún más joven, Alex De Minaur.

Una tradicional potencia como Estados Unidos continúa rezando para que nazcan los verdaderos sucesores de Sampras, Connors o Agassi. Y mucho van a tener que entrenar para conseguirlo los Taylor Fritz, Jared Donaldson, Reilly Opelka o Tommy Paul. A día de hoy, debido a su grotesca irregularidad, parecen más un simple relevo para Sock, Isner y Querrey.

Siguiendo con los anteriores, el mayor desastre es que su enemigo Rusia alcanzara antes la cumbre. Y es que Karen Khachanov (Chengdu) y Andrey Rublev (Umag) ya presumen de títulos 250 en sus vitrinas, ambos obtenidos en el último año.

Con los cabezas de cartel en la treintena, la ATP necesita que algunos de ellos u otros como el coreano Chung, el noruego Ruud o el griego Tsitsipas superen los pecados de juventud y florezcan hacia lo más alto. Porque mal que nos pese, Nadal, Federer y compañía no serán eternos.

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