Charlottesville no le es ajena a la NBA. En esa localidad de Virginia se celebra cada verano un campus de baloncesto auspiciado por la propia asociación de jugadores profesionales que reúne a los mayores talentos del high school y también a jóvenes promesas internacionales. Bajo la supervisión de nombres clásicos de la liga como Purvis Short o Roy Hinson, los muchachos compiten y reciben las enseñanzas de antiguos alumnos del campus que se dejan caer por allí. Este verano contaron con Rajon Rondo y Jason Terry entre sus mentores. Stephen Curry, James Harden o Kyrie Irving forman parte de las antiguas promociones del Top100 Camp que hoy dominan el baloncesto mundial.

Ninguno de ellos sería bien recibido en la Charlottesville anhelada por los supremacistas blancos causantes de una pública y violenta manifestación de odio racial amparada por la grotesca ambivalencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Cuesta encontrar ex-alumnos del Top100 Camp que se hayan pronunciado contra la explosión de racismo de la ultraderecha concentrada en Virgina. A uno de ellos, Harrison Barnes, alero de Dallas Mavericks no le tembló el teclado para manifestar que estaba “triste pero no sorprendido” por los sucesos.

El silencio de algunas de las más destacadas figuras del deporte, referentes de la comunidad afroamericana, es sorprendente. LeBron James no pisó el prestigioso campus pero, acostumbrado a pronunciarse en cuestiones de índole social y a ser el líder vocal en todas las canchas, fue el primero en acudir a sus redes para expresar su disgusto y señalar a Trump. “¿Es esta la dirección a la que se encamina nuestro país? ¿Hacer grande América de nuevo, dijo, no?”, preguntaba James con sorna.

Otras figuras del baloncesto, como Kobe Bryant, decidieron hacer suyas a golpe de retuit las palabras de Nelson Mandela que compartió Barack Obama.

Los jugadores españoles en la NBA tampoco se han significado sobre lo sucedido en Virginia. Sí  lo hizo uno que vistió el uniforme de la selección, Serge Ibaka, compartiendo una publicación de Demi Lovato: “Parad el odio”.

Jeremy Lin, estadounidense de nacimiento, pero que ya se quejó en su día de recibir “un trato diferente” por su origen asiático, también repudió en Twitter la manifestación racista: “Me enferma… ¿En qué mundo vivimos?”.

Frente a la timorata reacción general de los deportistas ante la imagen de hombres blancos portando antorchas en la peor tradición del Ku Kux Klan, destacó el turco Enes Kanter, pívot de los Oklahoma City Thunder. Kanter ya está acostumbrado a no morderse la lengua en asuntos políticos. Su oposición a Erdogan lo mantiene en el destierro. Él fue quien con una imagen y una frase (“América solo necesita una antorcha. Es más grande y más brillante que la vuestra”), mejor desnudó la infamia de Charlottesville.

 

 

 

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