“Mr. Grooms sigue navegando la frontera entre el arte elevado y la cultura popular con una finura casi infalible, prestando una atención particular a las convenciones de la caricatura política, el dibujo animado y el tebeo”. Así describía el New York Times el estilo del artista Red Grooms en una crítica de una exposición de 1989. Grooms, octogenario natural de Nashville, es una figura del arte pop, famoso por sus coloridas esculturas y cuya obra se puede admirar en el Art Institute de Chicago o en el MOMA.

Derek Jeter es una leyenda del béisbol, referente y capitán durante todo el siglo XXI de los New York Yankees que ahora comanda Aaron Judge. Ya retirado, Jeter fundó el medio The Players’ Tribune y se alió con el grupo inversor de Bruce Sherman en el que participa Michael Jordan, accionista mayoritario de los Charlotte Bobcats de la NBA. Ahora Jeter podría tener su propio equipo en la MLB, los Miami Marlins, cuya adquisición está negociándose por cifras que rondarían los 1.200 millones de dólares.

Jeter quería una franquicia pero no quiere todo lo que viene con ella. Y ahí es donde se encuentra con el señor Grooms, cuya obra más conocida por el público en general decora una de las esquinas del Marlins Park. El “esculto-pictograma Homer” es una representación desmesurada de 22 metros de alto sobre todo tipo de tópicos asociados a Florida: marlines, flamencos, neones, chorros de agua y mil colores chillones que se ponen en movimiento cuando un bateador consigue enviar la bola a las gradas.

Puede parecer un adefesio, aunque no desentona en un estadio con acuarios separando las gradas del diamante. También es un divertimento para un público que no ha tenido mucho que celebrar desde que los Marlins ganaron las Series Mundiales en 2003.

Pero Jeter es un tipo serio y no desea el arte irónico de Grooms en su estadio. Su decisión de retirar la instalación ya ha transcendido, causando una polémica que la prensa de Miami sigue con atención. Las autoridades del condado ya han avisado de que le van a frenar los pies a la estrella del béisbol a pesar de que al propio alcalde Carlos Gimenez no es un entusiasta de la obra.

La escultura, en la que se invirtieron 2,5 millones de dólares, formó parte de un programa para introducir el arte en espacios de titularidad municipal. El estadio fue erigido en su día con capital público y la obra del jonrón fue comisariada ex profeso para él. Ergo, según el gobierno local, los posibles nuevos propietarios del club, por muy Derek Jeter que se llamen, no tienen potestad para retirarla.

El debate alrededor de la escultura del señor Grooms continúa y promete ser más apasionante que la propia temporada del equipo de Florida.

 

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