A Lance Armstrong, exciclista a tiempo parcial y mentiroso a tiempo completo, lo desposeyeron de su palmarés en 2012, pero hay una vuelta que ha ganado recientemente y que nadie le podría arrebatar. El texano es el campeón del maillot de Estar de Vuelta de Todo.

El antiguo tirano del Tour de Francia, pasado ya el escarnio público global, se sigue manejando por la vida con una soberbia similar a la de las carreras. Su cara pétrea desfila por varios documentales que tratan de desentrañar aquella pantomima del asfalto francés y su voz se escucha en The Forward, un podcast en el que conversa con personajes diversos y ofrece su opinión sobre la prueba ciclista que lo encumbró y destruyó. Pero Armstrong nunca se había reído tanto y de tantos como en Tour de Pharmacy (Ruta Adulterada en español).

El mediometraje estrenado por HBO este verano es una comedia bufa que adopta la forma de un falso documental sobre el dopaje generalizado en la grande boucle disputada en 1982. Elaborada por el mismo equipo de 7 Days in Hell, la parodia sobre el interminable encuentro de tenis entre Isner y Mahut, cuenta con actores como Andy Samberg, Orlando Bloom, John Cena, Dolph Lundgren, Mike Tyson y, por supuesto, Armstrong.

De todo cuanto ha hecho el exciclista para demostrar que ya ha dejado atrás la etapa de contrición por sus pecados iniciada en el sofá de Oprah Winfrey, esta es sin duda la prueba más evidente. El antiguo líder del US Postal se interpreta a sí mismo en el papel de un informante anónimo oculto en las sombras (o eso intenta) dispuesto a revelar cómo funciona el dopaje en el ciclismo. Armstrong ha pedaleado muchas veces bajo el Arco del Triunfo de los Campos Elíseos de París, pero es en este film donde él se pasa todas las críticas por su arco del triunfo particular.

La película es enormemente grosera y abundante en dos cosas: cameos de famosos y penes al viento. Trata el ciclismo como un deporte exótico y exagera hasta el extremo los lugares comunes de la disciplina. Dispara cien chistes por minuto y, aunque no todos hacen diana, es posible reírse con ella y admirar su falta de barreras a la hora de intentar ofender. Puede, claro está, que no sea una propuesta de gusto para los que sufren con noticias como la de Samuel Sánchez o se ofenden ante quien modera su entusiasmo por Alberto Contador.

Pero hay algo en esta historia que incomoda por encima de todas las cosas. Y es que en Tour de Pharmacy Lance Armstrong se ríe de sí mismo como nunca pero por momentos parece que se está riendo de todos, como siempre.