Dennis Rodman es la viva imagen del estereotipo más alejado que uno puede pensar del serio y elegante diplomático. Pero, como de una disparatada película de acción se tratase (a poder ser que estuviese dirigida por Michael Bay), el expívot de la NBA, con sus tatuajes, sus copazos de buena mañana, sus aros en la cara, su resaca permanente y sus pelos tintados de mil colores bien podría evitar un conflicto nuclear. El mundo necesita (nunca ha dejado de necesitarlo, pero ahora más que nunca) a Dennis Rodman, campeón de la NBA, prodigioso reboteador, excelso defensor, luchador de wrestling ocasional, lamentable actor junto a Jean Claude Van Damme, fiestero perenne… y amigo de Kim Jong Un.

En plena escalada de tensión entre Corea del Norte y Estados Unidos, con Japón de por medio, quizás sea el momento de que Donald Trump deje pasar a un hombre que, de no ser una exestrella de la NBA, su servicio de seguridad dispararía antes de dejarle asomarse por la verja de la Casa Blanca. En el 2016, se estrenó en los cines la película Elvis y Nixon, Michael Shannon da vida a un crepuscular Presley, que se ofrece al Nixon encarnado por Kevin Spacey para espiar al movimiento contracultural de los hippies en Estados Unidos. Bien, no sabemos si Dennis Rodman está dispuesto a traicionar la confianza que se ganó de Kim Jong Un espiándole, pero el Gusano sí que se ha ofrecido a mediar entre el líder norcoreano y Trump. Un triángulo bien bizarro.

“Estoy dispuesto a enderezar las cosas. Trump a veces se pone como loco. Por alguna razón mi país sigue teniendo algún problema con Corea del Norte, pero quiero tratar de arreglarlo para que todos nos llevemos bien”. Paz y amor, dice Rodman a su manera, amigo de Trump porque la fiesta y los negocios les llevó por los mismos derroteros, amigo de Kim Jong Un porque… Por el baloncesto.

Al norcoreano le chifla el deporte. Eso le ha permitido llamar a Rodman a Pyongyang al menos en cinco ocasiones para pasar un buen rato como colegas. Rodman le dijo a Kim que en él tenía “un amigo para toda la vida” en una de sus visitas, y en otra le cantó el cumpleaños feliz cual Marilyn a JFK.  Sus recurrentes visitas han provocado recelos en Estados Unidos y heridas cuando Rodman se cabreó ante la pregunta sobre un ciudadano estadounidense de origen coreano retenido en el Norte. “¿Qué hago para ser un tipo tan horrible y malo? Al menos alguien lo intentó. No quiero ser un héroe. No quería hacer esto o aquello. Sólo quería ir y hacer cosas buenas en esta vida. Nada más”, dijo Rodman en una ocasión justificando sus viajes a Corea del Norte.

La relación de Kim Jong Un viene de su padre, que supuestamente tenía una videoteca con todos los partidos que Michael Jordan jugó para los Bulls. Se dice que Corea de Norte quiso llevar a Jordan al país en el 2001, sin éxito. Cuando el pequeño Kim fue mandado a estudiar en un colegio de Suiza, demostró sus condiciones de decente jugador de básket, a pesar de su corta estatura y problemas de sobrepeso. el baloncesto es su pasión, y por eso Kim Jong Il (el loco por los Bulls) pensó en nuevas reglas para hacerlo más atractivo. Los mates valen tres puntos, los triples que entren limpios reciben un punto extra, un tiro libre fallado resta un punto, canastas anotadas en los últimos tres segundos valen 8 puntos… Con estas reglas juegan Dennis Rodman y su grupo de jugadores estadounidenses cada vez que hacen una visita a Kim Jong Un. La próxima, puede que lleve un equipo de negociadores.

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