Lo que se temía Unai Emery parece que se hace realidad. Las chispitas que habían saltado en partidos anteriores entre Cavani y Neymar por un penalti aquí, una falta allá, se convirtió en un conato de pelea en el vestuario del PSG, según informa L’Equipe. El brasileño ha tardado apenas dos meses en saber una cosa del uruguayo: no es Messi ni Luis Suárez. Ni en lo futbolístico ni en el aspecto social.

A Neymar lo recibieron dos de los mejores jugadores del mundo en el Barcelona pero no lo vieron como una amenaza directa. Al menos, no lo trataron como tal. Sobre todo en el caso de Messi: a nadie se le escapa que el Barça tenía un seguro de vida en Neymar para cuando el argentino se hiciese mayor o si se decidiese a abandonar la Ciudad Condal después de casi 20 años. Pero La Pulga abrazó a Neymar y se comportó con él como con ningún otro compañero: miren si no el revolcón de felicidad que se dan los dos colegas después de la obra de arte de Messi al Bayern de Múnich, cuando tiró a Boateng al suelo.

Y con Suárez, Messi mediante, lo mismo. Pero Neymar eligió salir del Barça para buscar su gloria individual (Balón de Oro y sus jugosos bonus) y de paso meterse mucha presión colectiva (ahora el PSG debe optar de verdad a la Champions). Y puede que sus intereses choquen de manera directa con los de Cavani. El uruguayo es un jugador de un escalón inferior a Neymar (no hablemos ya de Messi o su compatriota Suárez) pero tiene su orgullo de goleador, autor de 49 tantos la pasada temporada para el PSG.

Según L’Equipe, Neymar y Cavani no sólo discutieron sobre el campo durante el duelo contra el Olympique de Lyon, que ganó el PSG como todo lo que ha jugado hasta ahora. La trifulca sobre quién debe tirar los penaltis prosiguió en el vestuario, con un enfrentamiento cara a cara que sus compañeros tuvieron que separar. Neymar ya cuenta con el cariño del bloque brasileño del PSG, con Alves a la cabeza (vaya papelón del lateral al quitarle el balón al charrúa, dárselo a Ney y luego decir que era porque quería tirarlo él mismo), pero también con Lucas Moura, Marquinhos y Thiago Silva. No pinta bien para Cavani si decide emprender esta lucha de egos.

La patata caliente para Emery es considerable. Mientras empieza a darle vueltas a cómo dar solidez defensiva a su equipo uando Mbappé, Neymar y Cavani se desentiendan, y piense en lo poco profunda que es su nómina de centrocampistas, el técnico vasco se encuentra con un potencial choque explosivo entre dos de sus estrellas. “Si vuelve a pasar, tomaré medidas”, dijo Emery refiriéndose puramente a la decisión de quién debe ser el designado para chutar las penas máximas.

La información de L’Equipe apunta a que la disputa es más bien económica, porque Cavani tiene un premio de un millón de euros si acaba como máximo goleador, y los penaltis pueden ayudarle a lograrlo. Neymar llegó arrasando la jerarquía del PSG: con un megatraspaso, convertido en pieza de caza mayor para los dueños cataríes del club, con un sueldo estratosférico, confiado en el respaldo que le da la propaganda del club que predica los miles de camisetas ya vendidas, Neymar sabe que el show es suyo. Y Cavani es el primero que se rebela.

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