Los habitantes de México se recuperan con dolor del más terrible aniversario. El 19 de septiembre de 1985 fallecieron cerca de 10.000 personas a causa de un terremoto devastador. Exactamente 32 años después un nuevo temblor ha agitado el corazón de Centroamérica. El segundo seísmo en dos semanas se ha cobrado al menos 225 víctimas mortales según las últimas noticias, la mayoría de ellas en la propia capital del país. La sacudida, de magnitud 7,1 en la escala de Richter, demolió decenas de edificios desde sus cimientos y levantó nubes de polvo y gas entre las calles.

Los mensajes de solidaridad con las víctimas y el pueblo mexicano se multiplicaron en las últimas horas, también por parte del mundo del deporte. Clubes y atletas de todas partes han enviado sus condolencias por la catástrofe y varios de los más importantes deportistas aztecas han significado en las redes su dolor.

El expúgil Julio César Chávez pedía que se organizasen cadenas de ayuda. El piloto de Fórmula 1 Sergio Checo Pérez escribió un sentido “Te amo México” en su cuenta de Twitter. Mientras tanto, el delantero Chicharito Hernández enviaba “Mucha fuerza para todos” desde Inglaterra. Y otro mito del fútbol tricolor, Rafael Márquez, expresaba su apoyo desde Jalisco, donde la onda expansiva del sismo apenas se hizo notar.

El temblor tuvo un impacto directo en la competición futbolística. La Liga Mx anunció la suspensión de los encuentros de octavos de fina del torneo de Copa. Entre ellos, el que se tenía que disputar en la misma noche del terremoto en el Estadio Azteca entre el América y el Cruz Azul. El entrenador de este último club, el español Paco Jémez, estaba en el hotel junto con su expedición cuando se produjo la sacudida. “Vimos cómo desencajaban los marcos de las puertas”, relató a sus allegados, según informa Marca. Para Jémez los “10 ó 15 segundos” en los que sucedió todo “fueron eternos”.

Precisamente la imagen de un Estadio Azteca tembloroso sirve de muestra del desastre natural. La majestuosa estructura capaz de albergar a casi 90.000 espectadores es uno de los grandes escenarios sentimentales del fútbol mundial. Allí dibujó sobre el césped su obra maestra Diego Armando Maradona en 1986, convirtiendo el recinto en lugar de peregrinación para los argentinos que, como el cantautor Andrés Calamaro, le dieron su nombre a sus recuerdos más sentidos.

El estremecimiento del gigante es el estremecimiento de un país obligado a recomponerse.

 

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