Cuando Kim Jong Un proclamó esta semana que piensa “domar con fuego al viejo chocho” de Donald Trump, algunos pensamos que ojalá tengan éxito los esfuerzos diplomáticos de Dennis Rodman o los planes de un senador italiano para que Paulo Dybala lleve la paz a Corea del Norte. Cualquier cosa antes que asistir a la III Guerra Mundial. Porque el déspota norcoreano sí lleva razón en una cosa. Y es que al presidente de Estados Unidos se le va la cabeza. Se le va. Mucho.

Para muestra, el discurso que ofrecía hace unas horas durante un mitin en apoyo a un candidato al senado por Alabama.

“No os gustaría ver a uno de esos propietarios de la NFL, cuando alguien ofende nuestra bandera, decir, ‘¡Saca a ese hijo de puta fuera del campo ahora mismo, fuera, está despedido! ¡Está despedido!'”, comenzó Trump entre vítores. Aseguró a continuación que aquel dueño de una franquicia que lo hiciese -“y son amigos míos, muchos de ellos”, se jactó- se convertiría durante una semana “en la persona más popular de este país”.

Aunque no los citó, esos que insultan los símbolos del país según Trump, son los jugadores que como Colin Kaepernick decidieron protestar contra el amparo a la violencia racista en Estados Unidos arrodillánse en los partidos durante la interpretación del himno de las barras y estrellas. Tras su gesto, muchos otros jugadores de fútbol se unieron a la medida y otras estrellas del deporte profesional ya no esconden su animadversión hacia el clima social que está propiciando el inquilino de la Casa Blanca. El más reciente, el campeón de la NBA Stephen Curry, que rechaza la habitual visita protocolaria para presentar el anillo al presidente.

Donald Trump arengó al público de Alabama a que cuando vean a algún jugador de fútbol americano arrollidarse durante el himno, se levanten y abandonen el estadio. “Os garantizo que así esas cosas pararán”, afirmó. Además, la pérdida para el espectador no sería demasiada “porque ya no es el mismo deporte de siempre, en cualquier caso”, opina. Porque sí. También tiene unas ideas muy particulares sobre el rumbo que está tomando la NFL.

Piensa Trump que el fútbol americano se está convirtiendo en un deporte de flojos. Nada le importa al supuesto líder del mundo libre la preocupación generalizada por las lesiones cerebrales que padecieron algunos profesionales y el esfuerzo por ofrecer mayor seguridad a los jugadores de un deporte de contacto que conlleva un gran peaje físico. Considera que estropean el espectáculo: “Estuve viendo [un partido] un par de minutos. Dos tipos y, de verdad, un hermoso placaje. ¡Bum, 15 yardas [de penalización]! El árbitro sale en la televisión, su mujer está sentada en casa y está tan orgullosa de él. ¡Están arruinando el juego!”.

No va a haber que esperar mucho para conocer el efecto de las palabras de Donald Trump. Solo será necesario contar las rodillas hincadas en el césped durante la interpretación del himno estadounidense antes de los partidos de la tercera jornada de la NFL que se está jugando este fin de semana.

Varios destacados jugadores afroamericanos de la liga ya han mostrado su disconformidad con la diatriba presidencial en las redes sociales. El tight end de los Detroit Lions, Eric Ebron, fue quien mejor expresó la opinión generalizada: “¿Hay alguien que le diga a Trump que se limite a la política al igual que él nos dice a nosotros que nos limitemos al deporte?”.