Diego Armando Maradona llegó a Sevilla un 22 de septiembre de 1992. Sevilla puede ser lo más parecido a Nápoles que hay en España, y el 10 esperaba encontrar un poco lo que le encumbró como ídolo absoluto, casi una deidad, en el sur de Italia. Lo tenía todo a su favor: la gente a sus pies, un vestuario dispuesto a perdonarlo todo por jugar con él, un cuerpo técnico argentino liderado por Bilardo, con quien dio su máximo nivel en dos selecciones argentinas que habían llegado más arriba de lo que podría esperarse (Diego aparte). Pero Maradona estaba en una cuesta abajo que terminaría en alcanzar su fondo: sólo en Sevilla empezó a darse cuenta de que no tenía frenos.

La etapa de Maradona en el club de Nervión se ve resumida estos días por un tuit, una cápsula perfecta del tiempo que resume lo que era por entonces el Diego. Ya todos lo habrán visto, pero por si acaso: ante el Zaragoza, camino de sacar un córner desde la derecha, un obeso Maradona levanta y da toques a una pelota de papel de aluminio que antes habría abrazado un bocadillo. La muestra condensada de habilidad inalcanzable para el mortal en la figura de un jugador que comenzaba a ponerle el ex delante. La grada aplaudió enloquecida, saludó con olés y Maradona presumió mientras acudió a patear un saque de esquina.

Había jóvenes como Suker, Conte, Prieto, Monchu y Simeone que debieron ver aquella época como quien ve un alienígena. “Señores, vamos a fichar a Maradona. Quiero que entiendan que Diego tendrá su sitio principal y nosotros, yo incluido, otro. Él será la figura. Necesito que entiendan esto porque ser Maradona es algo muy complicado”, dijo en su momento Bilardo a los jugadores del equipo andaluz. “Todos nos hicimos del Sevilla. Veíamos sus partidos. Maradona es una referencia para cualquier jugador argentino, no sólo por lo que llegó a hacer, sino en su origen, en su lucha por transformar su vida”, recuerda el ahora técnico del Sevilla Eduardo Berizzo.

Maradona fue extirpado de Nápoles, donde cumplía la primera sanción de su carrera por consumir cocaína. Tuvieron que intervenir los presidentes de los clubes, el representante, los presidentes de las federaciones respectivas, la FIFA… Había mucho que sacar de la teta de Maradona aún. El Sevilla desembolsó 7,5 millones de dólares por el argentino con la esperanza de recuperar al mejor jugador del mundo. Se encontró con un Diego gordo y demasiado interesado por el folclore de Sevilla. A pesar de Bilardo (con el que acabó a las tortas), no acabó de reencontrar su mejor versión.

Hubo chispazos, claro. Es inevitable. Los comienzos fueron duros: poco antes de que su fichaje por el Sevilla fuera ocficial Maradona vio desde el palco del Sánchez Pizjuán como un equipo del que seguramente pocas veces habría oído hablar, el Deportivo de La Coruña, le pintaba la cara al Sevilla (1-3) con dos brasileños en el campo, Bebeto y Mauro Silva, a los que el Pelusa sí que conocía. Debió pensar: si estos gallegos tienen a este par, la que me espera en España. Pero Maradona fue a más en el campeonato, jugó 26 partidos y anotó 5 goles. Se lució ante el Real Madrid y relanzó al Sevilla, que acabó séptimo y los dos años siguientes mejoraría su clasificación para volver a Europa.

El mismo día que se cumplieron 25 años de su llegada a Sevilla, Diego Armando Maradona debutaba como entrenador de un equipo de segunda división en Emiratos Árabes. Lo hizo con victoria, aunque eso ya poco importa. Los días del Pelusa ahora pasan por su descubrimiento del Instagram y su promiscuidad con las Stories y las fotos en esa red social. Ni una recuerda su etapa en Sevilla. Ni siquiera cuando levantó a 50.000 personas simplemente dando toques a una pelota de papel de bocadillo.

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