La Unión Ciclista Internacional ha aprobado una subida de los sueldos mínimos para los ciclistas profesionales de los distintos niveles. Una subida que no sacará a algunos corredores ser ser meros mileuristas en un deporte de extrema dureza, pero es mucho más de lo que obtienen sus colegas femeninas: para ellas sigue sin haber un salario base, algo que se prueba tremendamente desigual. La cuestión del sueldo mínimo para las ciclistas era candente en las últimas campañas por ser presidente de la UCI, pero ni con el mandato de Brian Cookson ni ahora con David Lappartient ha habido una solución al tema. La postura de los jugadores de la selección danesa de fútbol para ayudar a sus colegas a conseguir algo cercano a la paridad deja aún más en evidencia esta situación en el ciclismo mundial.

La UCI aumenta los salarios mínimos por primera vez en 5 años. Los neoprofesionales tendrán garantizados 25.800 euros en los equipos Pro Continental, y 5.000 más en nivel WorldTour, la Champions del ciclismo. Para los más veteranos, las cifras suben a 30.800 y 38.115 euros, respectivamente. Las cifras no son precisamente para tirar cohetes, pero al menos da una garantía a quien se dedica profesionalmente al ciclismo. Esa garantía no existe para las mujeres, que no tienen sueldo mínimo de la UCI ni en categoría profesional. Varias voces cualificadas el pelotón femenino han venido señalando en los últimos años cómo compañeras tienen que compaginar la bicicleta con trabajos “de verdad” para poder completar sus ingresos.

La postura de la UCI no sorprende, en realidad, dados los precedentes. El hasta hace poco máximo mandatario del ciclismo mundial, Brian Cookson, llegó a decir que el que las ciclistas tuvieran un sueldo mínimo podría ser, en realidad, contraproducente, porque de esta manera muchos de los equipos que las albergan se harían amateurs para no pagar. El ciclismo, en varios puntos de Europa, ha dado un paso que ahora parece ser más un gesto de corrección política que verdadero interés por la igualdad: el de acabar con la imagen de las azafatas besando a los ciclistas en el podio, perpetuando el estereotipo de mujer florero. Sería mucho más efectivo pagar a las ciclistas como sus compañeros, o al menos pagarles algo.

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