Es difícil escribir sobre la SNES Mini (o Super Nintendo Entertainment System Nintendo Classic Mini en su larga denominación oficial) después de haberla probado. Es difícil porque los dedos tiemblan todavía por la emoción del reencuentro y cuesta acertar con el teclado. Quien haya tenido la máquina original y se haga con esta versión miniaturizada 25 años después va a sufrir un magdalenazo de Proust en cuanto aferre la réplica exacta del mando de su juventud. Para el poeta la única patria era la infancia: para unos cuantos son los cuatro botones de colores de la Super Nintendo.

El artefacto es tan cuco que dan ganas de enseñárselo a la gente por la calle como hacen los padres primerizos con sus bebés. Todo resulta maravilloso en esta consola para nostálgicos excepto una cosa: el límite de 21 juegos preinstalados y que no es ampliable. El drama no es grande, pues la selección realizada por Nintendo resulta excelsa. Pero en Medallista amamos el deporte y también los juegos deportivos. Por eso no podemos dejar de añorar algún título que no pasó el filtro.

Como videojuego estrictamente de deportes (aunque siempre con el sello fantasioso de la compañía japonesa), en la colección solo está Super Punch-Out!!, de la famosa saga de boxeo nintendera. Si abrimos la mano y admitimos los hadouken, entonces podemos decir que Street Fighter II: Turbo es un título de artes marciales, del mismo modo que Super Mario Kart y sus conchazos asesinos, y F-Zero y sus batallas de ingravidez serían títulos de conducción.

A continuación lloramos por cinco juegos deportivos que se quedaron fuera de la convocatoria.

  • Super Soccer: quizás no sea el mejor título de fútbol del catálogo de SNES (donde brillaba Sensible Soccer y, sobre todo, los International Superstar Soccer de Konami en los que se encuentra el germen da la saga Pro Evolution Soccer), pero sí el más memorable. Porque fue uno de los juegos de lanzamiento de la consola y porque ofrecía una perspectiva única del deporte, con una espectacularidad gráfica inaudita para los primeros años 90. Hay más encanto en este juego de Human que en la hiperrealista representación del sudor sobre el rostro de cera de Cristiano Ronaldo en FIFA 18.

  • Smash Tennis: no, no es una confusión. Lo habitual al recordar títulos de tenis de la máquina promocionada en España como “El Cerebro de la Bestia“, es pensar en Super Tennis, otro de los títulos disponibles en la salida de la consola. Pero tiempo después Namco publicó un juego entretenidísimo donde personajes con diferentes características pasaban bolas en pistas situadas en lo alto de una montaña, en un centro comercial, en un templo japonés o en una playa. Podían jugarlo cuatro personas a la vez para multiplicar la diversión.

  • NBA Jam: el que firma este artículo invirtió más horas de las aconsejables en el tatarabuelo del NBA 2K18, el sorprendentemente fiel para la época Tecmo Super NBA Basketball. Pero el videojuego de baloncesto que todos queríamos para dejar de seguir gastando monedas de cinco duros en las recreativas era NBA Jam, el arcade de baloncesto jugado como se jugaba a la lucha libre y que grabó en el imaginario colectivo del básquet expresiones como “He’s on fire!” o “Boom-shakalaka!“.

  • Madden 94: aquí podríamos colocar también cualquier juego de la saga NHL de hockey sobre hielo, igualmente obra de Electronic Arts, pero no fuimos pocos los que comenzamos a aprender las intrincadas normas del fútbol americano gracias a los videojuegos cuya portada antaño copaba el carismático analista de partidos de la NFL. Aunque la inteligencia artificial no siempre era justa (o que algunos abusábamos de los hail-mary, la verdad sea dicha), Madden era tan complejo como divertido. La edición de aquel año incluyó las licencias auténticas para poder sentirnos por fin Troy Aikman.

  • Hyper V-Ball: aun pudiendo elegir algún juego de motor, de golf o de lucha libre, merece la pena recordar la simulación de un deporte, el voleibol, que en los videojuegos suele aparecer siempre en su versión playera y nunca en la de parqué. Pese a su sencillez y lo extraño de su perspectiva totalmente lateral, cada smash resultaba extremadamente satisfactorio. Algunos no podíamos saltar tan alto como para rematar sobre una red, pero sí apretar con fuerza el botón del mando de la Super Nintendo para intentar sentir algo semejante. Y si algo para algo sirven los videojuegos deportivos es exactamente para eso.