El Barcelona ha presentado sus cuentas anuales, unas cifras de vértigo que este ejercicio presupuestan casi 900 millones  de euros, un récord del club y en toda Europa (quizás sin parangón incluso en el deporte estadounidense). En el enrevesado entramado terminológico de las cuentas del Barça se puede inferir una conclusión sencilla: el fútbol es un espectáculo de masas en el que se mueve muchísimo dinero, y el principal beneficiario es el futbolista.

El Barcelona anuncia que ha ingresado poco más de 700 millones en el último ejercicio, de los que 588 millones van a los salarios del área deportiva. Es decir, hay una parte muy importante del reparto del pastel jugoso de esa maquinaria imparable que es el fútbol va a los protagonistas del campo. Quizás el verdadero drama de esta cuestión es que el Barça considere cercano a lo insostenible gastar tanto dinero en jugadores. ¿En qué, si no, hay que gastar semejante masa de ingresos que genera una empresa deportiva?

El club catalán ha anunciado renovaciones de jugadores importantes como Iniesta, Busquets, Rakitic, Luis Suárez y está pendiente la más decisiva de todas, que es Messi (comprometiendo en unos pocos años más quizás una centena de millones); ha desembolsado una cifra astronómica por Dembélé y no ha sacado en limpio por Neymar lo que esperaba (144 en lugar de 122 millones). Todo con la previsión inminente de la remodelación del Camp Nou y toda la zona circundante. Una obra importante que debe permitir a la gente ver en mejores condiciones a los jugadores que sostienen el espectáculo y que se llevan la mayor parte del pastel.

El convenio colectivo de la NBA recoge que las franquicias que participan en la liga estadounidense están obligados a gastar 89 millones de dólares en salarios de los jugadores, con un límite por arriba de 99 millones esta temporada. Si el equipo no llega a ese mínimo, la propia NBA compensará de manera proporcional. En Europa, donde los grandes clubes tratan de disimular muy fuerte que no son megacorporaciones que buscan fuertes beneficios, se sigue llevando lo de llamar mercenarios a los jugadores. Diferencias de conceptos que las cuentas del Barcelona deberían ayudar a poner en perspectiva.

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