El deporte no es más que el reflejo de la sociedad y, aunque no es algo nuevo, en los últimos meses hemos podido ver cómo ha crecido considerablemente la intolerancia hacia el diferente. Sea por cuestiones de raza, religión o sexo, sea en Europa o en América, seguimos viendo como cada vez más los eventos deportivos sirven de escaparate para ideas o comportamientos que deberían estar desterrados en el Siglo XXI.

Y como precisamente estamos en la era de la tecnología, Kevin-Prince Boateng ha dado una idea que podría servir para acabar con este tipo de manifestaciones. El jugador ghanés, ex de Milan y Las Palmas, entre otros, y ahora en el Eintracht de Frankfurt, se ha mostrado a favor de que, ahora que está tan de moda el VAR, se amplíe el poder del vídeo para identificar a los que no sepan comportarse en un estadio de fútbol.

El jugador se mostró así de claro en declaraciones a Focus: “Tenemos el ojo de halcón en el fútbol o el asistente de vídeo para ver si Boateng está en fuera de juego o no concederle un penalti. ¿Pero por qué no utilizamos la técnica para identificar cada grito racista, expulsar al responsable y no dejarle entrar nunca más en un estadio? Esas medidas ayudarían a la humanidad, no sólo al deporte. Hay incidentes nuevos cada temporada y es algo que no debería volver a pasar”.

Por más razón que tenga Boateng, parece utópico, sobre todo en un deporte tan conservador como el fútbol, en el que incluso algunos de sus protagonistas pecan de intolerantes, que esto vaya a llevarse a cabo. Ya hace muchos años que se producen este tipo de comportamientos racistas, de los que el propio jugador fue víctima cuando estaba en el Milan, sin que nadie mueva un dedo. Incluso algunos como Muntari fueron sancionados por tratar de dejar el campo harto de tantos insultos.

No parece cercana, ni tampoco exclusivamente responsabilidad del deporte, una solución a estos comportamientos censurables. En parte porque el mantra establecido, y equivocado, es que “la gente que paga una entrada tiene todo el derecho a expresarse”. Nunca se tiene en cuenta que los que juegan, y los propios compañeros de grada, también tienen derecho a no sentirse discriminados por su color de piel o sus creencias religiosas.

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