De repente, por unas horas, volvimos a 1995 de nuevo. El año en el que George Weah era el mejor jugador del mundo. No fue un reinado largo, más una promesa que se venía anunciando y amenazaba con dominar el fútbol en las décadas venideras, y que no se hizo del todo realidad: la de la tiranía de los africanos. Weah era todo aquello que Roger Milla no pudo ni soñar y debía marcar el camino para los demás, pero apenas pudo completar el suyo. Su estrella se fue difuminando y a partir de 1997, cuando contaba 31 años, su carrera fue perdiendo lustre. Poco después nacía Timothy Weah, uno de sus hijos que ahora brilla en el campo de fútbol mientras su padre intenta completar su otro sueño: ser presidente de Liberia.

Es el mundo del presidente Weah y su delfín Timothy. George quiere ser el máximo mandatario de su país después del fracaso del 2005, cuando el establishment se rebeló contra su candidatura y le atacó por todos los medios como un defensor del catenaccio al que no pudo dejar atrás con su potencia. Weah decidió no rendirse, quizás recurrir a sus amistades neoyorquinas, comprarse una radio y una tele y cimentar una nueva candidatura, que ahora está a punto de cristalizar. Weah ganó la primera vuelta pero deberá ir a una segunda, para escarnio de sus seguidores, que se temen un amaño.

Weah salió de Liberia cuando una turba invadió su modesto hogar y acabó con mucha gente de la que allí vivía. Se alojó primero en Ghana y luego en Nueva York junto a su mujer jamaicana. En la ciudad estadounidense crió a sus tres hijos. Uno de ellos, George Weah Jr., intentó su carrera en el fútbol y no parece que le vaya demasiado bien. Tras formarse en la academia del Milan, ha peregrinado con más pena que gloria por 8 equipos bastante desconocidos. El mayor logro de Weah Jr. es haber sido dos veces internacional con a sub20 de Estados Unidos.

Apretemos el botón de fastforward hasta este lunes. Otro hijo de George Weah, Timothy, marca tres goles en un partido para Estados Unidos en el Mundial sub17. No es una  cuestión baladí en un contexto en el que los campeonatos de juveniles y similares han alcanzado una trascendencia y un nivel mucho mayor que hace una década. Timothy Weah venía jugando con regularidad en la Youth League para el PSG (otro equipo en el que papá Weah dejó su huella) pero la escena del Mundial asociada a su apellido han provocado el eco en todo el planeta.

El segundo tanto es espectacular y la celebración muy parecida a las de papá. La irrupción de Weah, que podría haber elegido jugador con Francia o la propia Liberia, es una chispa de esperanza para el fútbol de Estados Unidos después del fiasco de quedarse fuera del Mundial de Rusia. Mientras Pulisic espera a madurar para convertirse en líder indiscutible del equipo y con la sombra alargada de la promesa incumplida de Freddy Adu, Timothy Weah puede ser algo a lo que agarrarse. El presidente Weah espera saludarle.

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