John Stockton y Karl Malone se pasaron 18 jugando a la misma cosa, en un equipo situado en una ciudad y en un estado donde no hay mucho que hacer fuera de horas de trabajo. Todo eso acabó uniendo a dos tipos que no podían estar más alejados en espectro sociológico y en muchos aspectos de su personalidad. La pareja que elevó a los Utah Jazz a la élite de la NBA eran una extraña pareja que funcionaban a la perfección en la cancha de baloncesto. Unos personajes curiosos que han vuelto a encontrarse en un partido de fútbol americano universitario. Pero la noticia estuvo en sus teléfonos móviles: podrían ser los mismos que cuando jugaban.

A lo largo de su estelar carrera (porque sí y además basada en las expectativas que generaba un blanco bajito, flacucho y con ese peinado de niño de los años 20), John Stockton ganó en total unos 68 millones de dólares. Ver sus sueldos año a año hablan de una época muy distinta en la NBA: lo máximo que llegó a cobrar el base fueron 11 millones en dos temporadas cerca de su final. Y no es que las marcas se peleasen por tener a un tipo tan anodino y desinteresado con el mundo consumista del exterior. Una auténtica ganga hoy en día. Karl Malone sí ganó algo más de dinero, unos 110 millones de dólares, pero menos de lo que ganará Joel Embiid en los próximos años si no se lesiona. Cifras ridículas para uno de los máximos anotadores históricos de la NBA y para el mejor asistente de siempre y además uno de los mejores tiradores.

Multimillonarios, en cualquier caso, que además no se entregan en los brazos de gastos absurdos. Sobre todo Stockton; a Malone le gustan los camiones y las motos de gran cilindrada. Pero ambos son personas sencillas, a su manera: Stockton mantiene un perfil de oficinista gris, al que uno se imagina con un armario compuesto de cinco pantalones de loneta iguales acompañados de cinco polos blancos. Malone es más colorido, pero igual o más de tradicional: ferviente militante del partido republicano, miembro de la Asociación Nacional del Rifle, amante del wrestling, de la caza y de la pesca. Hombres de familia, en cualquier caso. Da miedo incluso ver al hijo de John Stockton intentar hacerse un hueco en la NBA con los Sacramento Kings: una copia casi idéntica, en peinado, en todo.

A un hijo fue a ver Karl Malone jugar con Lousiana State (alma máter del ex Jazz) en un partido de fútbol americano. Y ahí se encontró con su amigo Stockton. Juntos vieron el partido en familia, como se hacen estas cosas en Estados Unidos, donde los eventos deportivos son auténticas reuniones sociales. No es la primera vez que ambos coinciden, pero esta vez la curiosidad se centró en sus teléfonos móviles. Una imagen colgada por la mujer de Malone (que sí usa smartphones) muestra a las dos estrellas del pick and roll intercambiando mensajes con sus móviles antediluvianos, dos modelos con tapa de los que se empezaron a poner de moda en el tramo final de sus carreras como jugadores.

No es la primera vez que Malone muestra su teléfono móvil viejuno. Tampoco es la primera vez que a Stockton se le intuye que a nivel tecnológico es un señor mucho mayor de lo que indica su carné de identidad: en otras apariciones públicas lució con orgullo una funda para el teléfono amarrada a los agujeros para el cinturón del pantalón. Verlos a los dos juntos presumiendo sin presumir de su austeridad telefónica es muy tierno.

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