Como en la canción de The Smiths, “That joke isn’t funny anymore“. La broma alrededor de McKayla Maroney ha dejado de tener gracia. El gesto contrariado de la gimnasta artística al recibir una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se convirtió en un meme de impacto global. “McKayla is not impressed” (“A McKayla no le impresiona”) devoró internet durante semanas. Pero ahora sabemos que aquella mueca no se debía solo a un disgusto deportivo.

La atleta retirada reveló en un comunicado en sus redes sociales que padeció abusos desde los 13 años de edad por parte de Larry Nassar, el médico de la selección femenina de Estados Unidos. Su confesión reaviva la indignación causada hace casi un año por una investigación del periódico Indianapolis Star. En ella se descubría una trama sostenida de abusos a niñas en la Federación de Gimnasia durante 20 años con 368 víctimas. Maroney, campeona olímpica con el equipo de las barras y estrellas en 2012, se reconoce entre ellas.

A raíz de las denuncias de varias actrices contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein, Maroney piensa que “la gente debería saber que esto no está ocurriendo solo en Hollywod”. “Sucede en todas partes. Allí donde hay una posición de poder parece existir el potencial para el abuso”, se lamenta.

La exdeportista de 21 años explica que las agresiones del doctor Nassar “empezaron cuando tenía 13, en uno de mis primeros campus de entrenamiento con el equipo nacional, en Texas, y no terminaron hasta que dejé el deporte”. “Sucedieron en Londres antes de que mi equipo y yo ganásemos la medalla de oro y sucedieron antes de que ganase mi plata”, precediendo a la mueca que se convirtió en un chiste global.

En un relato que detalla perfectamente el terror padecido por las niñas víctimas de los abusos, McKayla Maroney cuenta que con 15 años y viajando con el equipo hacia Tokio, Nassar “me había dado una pastilla para dormir en el vuelo y lo siguiente que sé es que estaba sola con él en su habitación de hotel recibiendo un ‘tratamiento’. Pensé que iba a morir esa noche”.

Con el uso de la etiqueta #MeToo (“yo también”) se suma a la causa de todas las mujeres que en los últimos días están perdiendo el miedo a denunciar acoso y abuso. La gimnasta intenta dedicarse ahora a la música. En su perfil de Spotify ha creado una playlist titulada “No siento nada”. Pero en su mensaje público afirma que “nuestro silencio le ha dado poder a la gente equivocada durante demasiado tiempo y es hora de recuperar nuestro poder”. “Y recordad, nunca es demasiado tarde para alzar la voz”, concluye.

Ella ha tardado cinco años desde que bajó de aquel podio. Y no, no es demasiado tarde.

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