Siete de cada diez deportistas profesionales en Estados Unidos fuman marihuana. Y sus entrenadores. Y sus directivos. O al menos eso es lo que piensa Al Harrington, ala-pívot ya retirado que formó parte habitual del paisaje NBA durante los primeros quince años del siglo. Ahora es un defensor público de la planta de cannabis. Lo que nadie esperaba es que también lo fuese el excomisionado de la liga, David Stern: “Estoy en ese punto en el que, personalmente, creo que probablemente la marihuana debería ser retirada de la lista de sustancias prohibidas”.

El que fue máximo responsable de la NBA durante los años de su expansión global se lo confesó al exjugador durante una entrevista para el portal Uninterrupted. “Creo que hay un acuerdo universal de que la marihuana con propósito médico debería ser completamente legal”, explicó quien destacó por su control férreo y casi unipersonal de la competición durante tres décadas. Hoy se le ve más relajado.

Stern, a sus 75 años de edad, cree que los tiempos han cambiado. Cuando él estrechó el cerco sobre el consumo de sustancias en la liga fue porque “era más o menos sabido que un montón de nuestros jugadores fumaban un montón de marihuana”. Sin embargo, opina que el convenio colectivo de la NBA debería adaptarse a la realidad de cada territorio del país: “Si la marihuana está ahora en proceso de legalización, creo que deberías poder hacer aquello que es legal en tu estado”.

Pero no parece que el sucesor de Stern, Adam Silver, que se ha caracterizado por gestos progresistas contra el racismo o la homofobia, esté aún por la labor. Uno de los vicepresidentes ejecutivos de la competición, Mike Bass, respondió a los comentarios del antiguo gestor que “aunque el comisionado Silver ha dicho que estamos interesados en conocer mejor la seguridad y eficacia de la marihuana medicinal, nuestra postura no ha cambiado sobre el uso recreativo de la marihuana por parte de los actuales jugadores de la NBA”.

Mientras tanto, Al Harrington, sigue defendiendo allí donde puede los beneficios del cannabis. Tiene motivos para ello: “Mi abuela sufría de glaucoma y también tiene diabetes”, explicaba el año pasado a la web The Root. “La hice probar casi por capricho. Funcionó para ella mejor de lo que esperaba”. Él mismo, tras problemas recurrentes en una rodilla, afirma que encontró en una droga estigmatizada la mejor solución: “Cuando tuve mi cuarta cirugía, estaba en Vail, Colorado, y mi primo me presentó a los cannabinoides, y desde ese momento en adelante, nunca tomé otra píldora Vicodin o antiinflamatoria”.

El uso de drogas no legalizadas sigue acarreando sanciones frecuentes en la NBA. A casos tan sonados como el de OJ Mayo, se sumaron más recientemente otros como los de Monta Ellis y Reggie Bullock. Y los hay que, como Zach Randolph, van más allá: trafican con la marihuana.

Por si David Stern y Harrington necesitan apoyos para la causa, siempre pueden avisar a Rasheed Wallace, posiblemente el mayor defensor (y consumidor) de la planta de la discordia que ha conocido la NBA en los últimos años.