La segregación por sexos en el deporte establece barreras difíciles de salvar para las mujeres. No se trata solo de que la mayoría de disciplinas disputadas por hombres se asuman como la versión «por defecto», mientras que ellas deben construir desde cero competiciones femeninas paralelas. Sucede también que, en algunos casos, para las chicas la única opción para practicar un deporte es jugarlo con ellos. Esto no parece un problema (incluso podría ser la salida deseable). Pero sí se transforma en uno cuando se les permite participar pero no ganar. Como a Emily Nash.

Emily tiene 16 años y juega al golf en el equipo de su instituto, en Lunenburg, Massachusetts. En el único club que existe, el de los chicos. No solo es buena jugando, sino que es la mejor de su generación. Lástima que, aunque lo demuestre sobre el campo, no le dan un trofeo para acreditarlo.

La joven acaba de ganar el torneo de su división, pero no va poder defender su título en el torneo estatal que junta a los mejores golfistas jóvenes de Boston y alrededores. La Massachusetts Interscholastic Athletic Association (MIAA) establece que, aunque a las chicas se les permite participar en torneos por equipos con chicos, no pueden hacerlo en torneos individuales y deben aguardar a la primavera, cuando sí se realiza un torneo exclusivamente femenino.

Emily Nash sabía que eso iba a pasar. Solo podría jugar la final estatal si todo su equipo se clasificaba. Pero no iba a poder medir su nivel particular de ningún modo con los mejores jugadores adolescentes de la región. La joven reconoció a la prensa local que había sido informada de esa regla. Lo que no sabía era que además, le negarían el título y el trofeo que ganó con una tarjeta de 75 golpes. «Sí que fue una decepción, pero entiendo que hay unas reglas», explicó resignada.

El título fue para un chico, Nico Ciolino, que quedó a cuatro golpes de Nash. Al menos él tuvo el detalle de ofrecerle a Emily el trofeo que ella había ganado en buena lid. Lo que no le pudo ceder, porque la organización no lo permite, es su puesto en la final individual del estado.

La MIAA ha reaccionado a la polémica con un comunicado en el que recuerda las reglas vigentes y felicita «a la golfista por su actuación y le desea muchos éxitos cuando vuelva a participar en el torneo femenino individual de la MIAA en la primavera de 2018».

En toda la nota se refiere a Emily Nash como «la golfista», sin citarla ni una sola vez por su nombre. Y ahí, tal vez, esté la clave de todo. En que siguen viendo a la ganadora como miembro de un colectivo que tiene su propio lugar –las mujeres-, y no como lo que es: la mejor de un torneo que merecía jugar la final correspondiente con los y las mejores.

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