Santillana, Bierhoff, Zamorano… Hay un buen puñado de delanteros más recordados por su remate de cabeza que por el chut con el pie. A medida que el juego se sofistica disminuye el recurso del balón aéreo, pero aun así siguen existiendo rematadores excelsos por alto, con Cristiano Ronaldo como estandarte. Alan Shearer, el máximo goleador histórico de la Premier League con 260 tantos, fue otro ariete voraz. Hoy, sin embargo, se arrepiente de los 46 que marcó con la cabeza.

La BBC estrena el domingo el documental «Alan Shearer: Dementia, Football and Me» en el que el exfutbolista se somete a pruebas para ayudar a determinar si hay una relación directa entre la práctica del fútbol y las lesiones cerebrales degenerativas. Los informes recientes que señalan varios casos de demencia entre jugadores de la selección inglesa campeona del mundo en 1966 preocupan al antiguo nueve de Blackburn Rovers y Newcastle.

«Cuando juegas al fútbol como profesional intuyes que más adelante en tu vida vas a tener problemas en las rodillas, los tobillos o la espalda, como tengo yo, pero lo que nunca pensé fue que jugar al fútbol pudiera influir en tener una enfermedad cerebral», declaró Shearer en el Daily Mirror. El jugador, que actualmente ejerce de comentarista para la cadena pública, afirma que tiene «una memoria malísima, y no sé si es porque no presto atención, pero tengo una memoria terrible».

La preocupación no es nueva. La muerte en 2002 de Jeff Astle, leyenda del West Bromwich Albion y apodado The King, sirvió para trazar una línea directa entre el daño cerebral y los remates de cabeza. Astle falleció a los 59 años víctima de encefalopatía traumática crónica (conocida por sus siglas en inglés, CTE). La dolencia recibía el apelativo popular de «cerebro de boxeador» pero últimamente se relaciona más con el fútbol americano, donde se están realizando estudios exhaustivos que pueden condicionar el desarrollo futuro de un deporte donde abunda el contacto violento.

Son los estadounidenses quienes han dado los primeros pasos para prevenir daños irreversibles. La US Soccer, federación norteamericana de fútbol, estableció a finales de 2015 que las jugadoras y jugadores de diez o menos años de edad no deben cabecear jamás la pelota. Entre los 11 y los 13 años se les permite durante los partidos y de manera muy limitada en los entrenamientos.

Alan Shearer revelará en el documental de la BBC los resultados de las pruebas a las que ha sido sometido y las trasladará a las autoridades futbolísticas para que adopten medidas destinadas a proteger la salud de los jugadores. El delantero tiene miedo porque lo que sí recuerda es que «por cada gol que anoté con un testarazo durante un partido, debí rematar otros mil en los entrenamientos».

 

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