“Este F2001 es un coche de enorme importancia histórica para el conductor, el aficionado, los circuitos de carreras y por supuesto la marca del negro caballo rampante de Maranello”.

Y tanto. Sepamos algo más.

“Después de varias vueltas en warm-up y calificaciones en Barcelona, Montreal, Nürburgring, Magny-Cours, Spa-Francorchamps y Monza, este fue el mismo chasis conducido a la victoria en Mónaco y Hungaroring. En este aspecto es, pues, inequívocamente el coche perfecto, conducido por el piloto perfecto en una actuación perfecta para lograr la mayor gloria imaginable en la trayectoria de un piloto de carreras: la victoria en el Gran Premio de Mónaco y, como resultado, el título de Campeón del Mundo de Fórmula 1. Si alguna vez hubo un vehículo que tener procedente de la época dorada del rendimiento, este es”.

Pues sí, después de leer la presentación del producto, desde luego que dan ganas de tenerlo.

Pero querer no es poder. Para hacerse con el mítico bólido Ferrari con el que Michael Schumacher se coronó como leyenda en 2001 habría que tener un buen garaje donde guardarlo y los 7,5 millones de dólares (6,7 millones más comisión) por los que se adjudicó en una espectacular subasta organizada por Sotheby’s.

La subasta de arte contemporáneo en la famosa casa neoyorquina despachó este jueves obras tan icónicas como los Tres Estudios de George Dyer de Francis Bacon por 38,6 millones de dólares, o el Mao de Andy Warhol por 32,4 millones. Entre ellas, y por vez primera en un evento de este tipo, una obra maestra de la ingenieria mitificada por el piloto alemán que la condujo hasta la bandera a cuadros. El martillo de la puja sonó tras ocho minutos de ofertas que finalmente se dispararon dos millones de dólares por encima del precio de salida.

El F2001 representa el epítome de la Fórmula 1, una escudería y un piloto en la cumbre de la competición. Según destaca la propia Sotheby’s, aquella temporada de hace 16 años es, a diferencia de la actual, “recordada por periodistas y aficionados como la ‘era dorada’ de los grandes premios, sobre todo por los excelentes motores V-10, gloriosas fuentes de energía de tres litros, capaces de llegar hasta los 900 caballos y casi las 19.000 rpm, produciendo sinfonías de combustión interna como nunca se había escuchado en las competiciones de motor y como quizás nunca se vuelvan a escuchar”. Vistiendo ese corazón, la armadura roja ideada por Ross Brawn y Rory Byrne.

Alguien (no sabemos quien, porque en estos caprichos de ricos se guarda la máxima discreción) se lleva a su casa un pedazo de historia de las carreras, la memoria feliz de un bólido vencedor de nueve pruebas y el campeonato. Quien lo condujo hasta la meta, Michael Schumacher, lograba desde el volante su cuarto título mundial y el récord de puntos para un piloto hasta la fecha, 123. Él no lo puede recordar. El campeón permanece en coma desde el grave accidente de esquí padecido hace cuatro años y que le ocasionó daños cerebrales. Las últimas noticias hablan de que ha experimentado leves síntomas de mejoría. La familia espera “un milagro médico”.

Su coche se vendió por 7,5 millones. La recuperación de Schumacher no tendría precio.