“Oh Profeta, dile a tus esposas e hijas, y a las mujeres de los creyentes, que se cubran con una prenda suelta. Así serán reconocidas y nada podrá dañarlas”. En ese pasaje del Corán se apoyan las autoridades de países musulmanes que recomiendan a las mujeres vestir la ayaba, una túnica larga hasta los pies que cubre el resto de la ropa y que acostumbra a rematar en el hiyab, el pañuelo con el que se cubre la cabeza. Anna Muzychuk, campeona del mundo de ajedrez, lo usó en otro torneo disputado en Irán el pasado mes de febrero. En aquella ocasión varias participantes se dieron de baja por no querer emplear el velo islámico. Ahora ella renunciará a defender su título en Arabia Saudita por el mismo motivo.

Muzychuk es ucraniana, donde la religión mayoritaria es el cristianismo ortodoxo oriental. En un país de unos 42 millones de habitantes, apenas medio millón es musulmán, la mayoría de ellos tártaros de Crimea. Algunas de las tradiciones que el reino saudí impone a las mujeres participantes en el Mundial de Ajedrez que se desarrolla desde este martes y hasta el sábado 30 desagradan a la campeona. En una publicación de su perfil de Facebook, la mayor de las hermanas Muzychuk (Mariya fue campeona antes que ella) anuncia que va a perder dos títulos mundiales por no viajar al torneo, por “no querer someterme a las normas de otro, no vestir la abaya, no tener que ser acompañada para salir y, en definitiva, para no sentirme una criatura de segunda clase”.

Muzychuk afirma haber cambiado su parecer sobre la obligación de vestir el pañuelo en los últimos meses: “Estoy lista para defender mis principios y saltarme un torneo en el que en cinco días esperaba ganar más de lo que obtendría en una docena de competiciones”. Además, Anna avanza que su hermana Mariya comparte su punto de vista.

La polémica alrededor de las obligaciones que las autoridades musulmanas establecen sobre las mujeres participantes en eventos deportivos no es nueva. El líder del ranking masculino, el noruego Magnus Carlsen, sí estará en Arabia Saudita, aunque su hermana Ellen Carlsen habría apoyado hace meses el boicot al torneo iraní el pasado invierno. En primavera se viralizó la denuncia de un entrenador contra los organizadores de un campeonato escolar en Malasia que prohibieron la participación de una ajedrecista de 12 años. ¿El motivo?: la niña vestía una falda hasta las rodillas, una prenda considerada “seductora”.

El gesto de la gran maestra de ajedrez Anna Muzychuk ayudará a reactivar el debate sobre las normas que las mujeres se ven obligadas a acatar en los eventos deportivos de países que exigen el uso del velo. Existe, sin embargo, otra perspectiva que también merece atención. La campeona iraní Mitra Hejazipou recordaba, cuando se produjo el boicot de varias jugadoras hacia el campeonato de su país, que aquel torneo era “importante para las mujeres de Irán, una oportunidad para nosotras de poder demostrar nuestra fuerza”, ya que la República Islámica no había sido capaz de organizar ningún otro mundial deportivo femenino en el pasado. Un jaque difícil de resolver.

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