Durante la semana laboral, a Mathieu Flamini le preocupa el desarrollo de la mayor bio-refinería de celulosas del mundo. Pero cuando llega el fin de semana le puede la nostalgia. A sus 33 años, el marsellés es empresario a tiempo completo, pero también quiere ser futbolista mientras le dejen. Quien reconoció su perfil de figura de la Premier League trotando a las órdenes de José Bordalás en el entrenamiento del Getafe, debió de pensar que estaba asistiendo a una inocentada propia de estas fechas. Pero no. El técnico del equipo madrileño decidirá este fin de semana si le ofrece un puesto en su plantel a una vieja figura de la liga inglesa que últimamente ha sido noticia más por su desempeño empresarial que por el futbolístico.

Flamini, que junto a Cesc Fábregas gobernó el centro del campo de uno de los mejores Arsenal de Londres a mediados de la pasada década, busca extender su carrera profesional y se ha ofrecido a hacer una prueba para el modesto conjunto azulón. Él, internacional con Francia y que alzó un scudetto con el Milan en 2011, apura sus últimas gotas de fútbol. Dejó Italia para volver a las órdenes de Arsène Wenger en una prórroga con la que nadie contaba y vistió durante la pasada campaña la camiseta del Crystal Palace. Ahora está sin equipo y busca quien acepte contar con su veteranía y saber hacer en el centro del campo.

Y no es que el jugador galo no tenga cosas que hacer con su tiempo. La BBC lo bautizó como “el mediocampista bioquímico” cuando informó sobre su condición de socio fundador de GFBicochemicals, una empresa destinada a la producción de ácido levulínico. Se trata de una molécula producida a partir de biomasa y que podría emplearse como químico para la producción de plásticos, combustibles y otros productos de gran valor de forma menos contaminante. “Ayudará a disminuir el óxido de carbono. Este ácido tiene un fuerte potencial porque reacciona exactamente como el petróleo, lo que significa que puede reemplazarlo”, explicó Flamini a la cadena pública británica.

El futbolista creó la empresa junto a su amigo Pasquale Granata durante su estancia en Italia, hace nueve años. Semeja que el mercado en el que se mueve tiene futuro. Él sostiene que no lo hizo solo para lucrarse, sino para actuar frente al cambio climático. Aun así, mantuvo su inversión en silencio por miedo a que fracasase. Cuando la hizo pública, contó a The Sun que “obviamente, cuando empiezas algo así y gastas mucho dinero, hay mucho riesgo y mucho estrés. Para mí fue una vía de escape. La carrera de un futbolista está llena de altibajos. Esto me ayudó a aclarar mi mente y a pensar en algo diferente. Y fue un reto intelectual”.

Ahora, sin embargo, lo que le preocupa a Mathieu Flamini es convencer a Bordalás de que él puede cubrir con garantías la baja de Markel Bergara y mantener la buena racha del Getafe en La Liga. Pero si no es así, al centrocampista no le va a faltar ocupación. De vez en cuando le toca quitarse la botas de tacos, vestirse la corbata e intervenir en foros internacionales sobre bioeconomía.