Para ser el primer papa de la historia que no murió mártir, a San Silvestre muchos lo relacionarán con el martirio. Aunque un castigo autoimpuesto no pueda considerarse tal, lo cierto es que algo de penitencia hay en echarse a correr en la última noche del año, entre bajas temperaturas y privaciones de turrón, cava y cuantas viandas esperan en la mayoría de mesas para festejar el advenimiento de un nuevo calendario. El santo finó el 31 de diciembre del año 337 y fue sepultado en el cementerio de Priscila, en la vía Salaria. Por vías de todo el mundo dejan el aliento en esta fecha deportistas y aficionados para celebrar las más populares de las carreras populares, las sansilvestres.

Que se celebre una prueba en día tan intempestivo tiene que ver con que su origen esté en el hemisferio sur. La primera carrera así llamada se celebró en la ciudad brasileña de Sao Paulo en 1925. Se le atribuye la iniciativa al periodista de la Gazeta Esportiva Cásper Líbero, quien habría quedado fascinado por pruebas similares que se desarrollaban en Francia. Allí, cuando se ponía el sol, salían corredores a las calles portando antorchas para iluminar el camino e, imaginamos, procurarse algo de abrigo con la llama. En un lugar mucho más cálido en esas fechas como Brasil, el tal Líbero organizó una fiesta deportiva para despedir el año y la bautizó acudiendo al santoral.

La prueba fue ganando en aceptación y variando la distancia, que finalmente se estableció en 15 kilómetros. Hacia mediados del pasado siglo, la carrera brasileña se convirtió en internacional y, dada su singularidad, comenzó a atraer a otros deportistas americanos y, mediante invitación, a corredores de todo el mundo. No fue hasta 1975 que se organizó una carrera femenina. En el palmarés destacan grandes nombres del atletismo como el keniata Paul Tergat o la portuguesa Rosa Mota.

Para entonces el modelo brasileño ya había sido adaptado en otros lugares, con especial éxito en España. La San Silvestre Vallecana, en Madrid, se ha establecido como una cita de referencia internacional en la que cada año se juntan unos 40.000 participantes dispuestos a hacerle un corte de mangas al turrón y al mazapán, sudando durante 10 kilómetros por las frías calles de la capital española. Es la edición 53 de la prueba que, sin embargo, no es la primera del territorio estatal, honor que le corresponde al Circuito de Nochevieja de Galdakao, en el País Vasco, que se disputa desde 1961.

El número de sansilvestres se ha multiplicado en los últimos tiempos y solo en España se han convocado unas doscientas competiciones para esta jornada postrera de 2017. Es la manera en la que los más deportistas gustan de dar su propia campanada para recibir el año nuevo.

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