Lo extraño sería que se hubiese comido las lentejas (esa es la tradición italiana en Nochevieja), se hubiese bebido un vaso de agua y se hubiese acostado apenas sonasen las campanadas con el propósito de madrugar y salir a entrenar el 1 de enero con los rayos del alba. Cabía suponer que Radja Nainggolan no cultiva esa imagen de tipo peligroso para nada: los músculos, los tatuajes que le trepan por el pescuezo, la cresta mohicana, las celebraciones con la lengua fuera. Así que Radja actuó conforme a las apariencias: prendió unos cuantos fuegos artificiales y petardos, se pilló una buena cogorza y apuró un pitillo con vehemencia para despedir 2017.

Como en aquel spaguetti western de Clint Eastwood, Radja cometió dos errores. El primero: retransmitir su borrachera en vivo y en directo para todos los seguidores de su cuenta de Instagram. El segundo: olvidarse de que juega como futbolista profesional de primer nivel en la AS Roma y en la selección de Bélgica.

Es habitual adornar las portadas de la prensa en esta fecha con la imagen del primer bebé del año. En cambio, La Gazzeta dello Sport ha llevado al lugar preferente de su web el vídeo de la Nochevieja del pintoresco centrocampista del equipo capitalino, protagonista sin rival del Año Nuevo. No es que Nainggolan haya entrado en 2018 con el pie izquierdo: es que se ha caído en él de morros, beodo, tambaleándose, después de que la afición romanista lo haya visto decir a la cámara de su teléfono con la desvergüenza que favorece el alcohol: «Me cago en Dios, voy un poco borracho». En las imágenes el futbolista alza la copa, le dedica un trago a su compañero Kostas Manolas y fuma un cigarro como si no hubiese mañana.

El caso es que sí hubo mañana. En este 1 de enero, tras comprobar que su retransmisión no había pasado desapercibida, el belga ha publicado un tuit contra la prensa: «También en fin de año pensáis en hacer noticias. Os deseo un feliz de año a todos menos a esos. Buscaos una vida».

Horas después, y se supone que tras ser llamado a capítulo por el club, Nainggolan se ha mostrado menos desafiante. A través de una publicación efímera en sus redes sociales ha pedido disculpas: «Lo siento por lo ocurrido esta noche. Sabéis que me gusta estar bien con amigos y que amo festejar la Nochevieja pero la pasada noche fui un poco más allá. La veía como una velada privada en la que uno puede desmadrarse un poco pero no quería dar un ejemplo negativo. Por esto pido perdón por mis palabras y mi comportamiento. Siempre Forza Roma».

Ahora le corresponde al director deportivo, Monchi, y al entrenador, Eusebio Di Francesco, decidir la posible sanción a Nainggolan. El juicio ya lo está dirimiendo la afición. Por un lado aparecen todos aquellos que califican de poco profesional la actitud del jugador y a los que desagradan sus ganas de fiesta después de que la Roma haya acumulado tres decepciones consecutivas: eliminación copera ante el Torino, derrota contra la Juve y empate con el Sassuolo. También se pronuncian los que defienden el derecho de un joven de 29 años a pasarlo bien en su tiempo libre y a comportarse con la misma intensidad con la que se emplea en el césped. En eso hay consenso: Radja Nainggolan es consecuente con su imagen.

No Hay Más Artículos