El Hall of Fame de la Major League Baseball (MLS) está situado en un lugar llamado Coppertown, la ciudad del bronce. Es el sitio al que todos los jugadores de béisbol quieren ir cuando se retiren, a ver su nombre y su retrato en la sala que recoge a los más grandes del deporte estadounidense por excelencia. Al menos, es lo que quieren desde hace 6 años dos de las mayores estrellas del béisbol de siempre. Roger Clemens y Barry Bonds son leyenda del bate y del guante, pero también son dos de los mayores símbolos de la era dorada de los esteroides. Por eso, los votantes que cada año eligen los que ingresan en el Salón de la Fama se resisten a reconocer a Bonds y Clemens, a los que el tiempo se les agota.

En el 2022 caduca la candidatura de dos de los mejores jugadores de béisbol de todos los tiempos. Y el debate está en los medios de comunicación de Estados Unidos. La postura parece inclinarse en una dirección: acaben con la hipocresía y reconozcan la grandeza de Bonds y Clemens como trituradores de récords en una época en la que las drogas para mejorar el rendimiento corrían libres por los vestuarios (años antes, corrían otro tipo de drogas sin mayor problema). Roger Clemens está considerado como uno de los mejores pitchers de la historia, el tercero con la mejor marca de strikeouts de la historia, siete veces ganador del premio Cy Young al mejor lanzador de la MLS.

En el otro lado de la pelota, Barry Bonds era el terror del pitcher. Tiene el récord de más home runs en la historia, con 762, y tiene la mejor marca de siempre de más home runs impulsados en una temporada, 73. El estallido de la bola lanzada a más de 100 kilómetros por hora rebotada en su swing aún restalla en muchos estadios de la MLS, que se llenaban para ver a Bonds proseguir en su imparable escalada en las marcas de bateadores de la historia del béisbol. Luego, saldría implicado en el escándalo de dopaje del caso BALCO. Su legado queda manchado.

Pero muchos analistas aseguran que los propios rivales de Clemens y Bonds iban igual de contaminados que ellos. Queda el resquicio de la pena de aquellos que compitieron limpios contra atletas bajo el efecto de los esteriodes. Pero Clemens y Bonds son mitos de la historia del béisbol, para bien y para mal. Los elegidos para el Hall of Fame de esta temporada son Chipper Jones, mito de los Atlanta Braves, Vlad Guerrero, Jim Thome y Trevor Hoffman. Todos ellos, jugadores inferiores en calidad a los dos marginados. A Clemens y Bonds le quedan otros 4 intentos. Comenzaron obteniendo apenas el 30% de los votos y se necesitan al menos 75% en cada papeleta rellenada con los candidatos. Siguen estancados en poco más de la mitad.

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