Esteban Loaiza no olvidará San Valentín. El exbeisbolista mexicano de 46 años de edad tendrá que personarse en una corte de justicia este 14 de febrero para responder por los cargos de posesión, transporte y venta de drogas. Lo hará tras pagar la fianza de 200.000 dólares que se le impuso para poder abandonar el centro de reclusión de San Diego, California, al que llegó tras ser arrestado en su residencia de Imperial Beach. La policía le dio el alto por una infracción de tráfico menor. En su vehículo hallaron un compartimento sospechoso. Tras registrarlo decidieron ampliar la inspección a la vivienda. En ella los agentes descubrieron 20 kilos de cocaína y heroína, que alcanzarían un valor de medio millón de dólares en las calles. Pasar de pícher all-star de la MLB a narcotraficante es solo el último episodio en la telenovelesca vida del lanzador de Tijuana.

Loaiza no debería tener problemas de dinero. Durante su carrera en las Major Leagues amasó 44 millones de dólares en salarios jugando para algunas de las franquicias con más historia del béisbol estadounidense. Su mejor rendimiento lo dio en los Chicago White Sox, siendo seleccionado para el All-Star en las temporadas 2003 y 2004. Sus 21 victorias en un solo curso lo situaron al nivel del mejor pícher mexicano conocido, Fernando Valenzuela, y le valieron un traspaso a los New York Yankees, donde fracasó.

Pero la vida de Esteban Loaiza se extendía más allá del diamante. Se convirtió en protagonista habitual de la prensa rosa de su país desde que inició un romance con la diva de la canción Jenni Rivera. El lanzador, de vuelta en la liga de su país natal, y la cantante se conocieron en 2009 en Sinaloa. Pocos meses después se casaron en un bodorrio con 800 invitados. Lo de vivir felices y comer perdices duró solo dos años. En octubre de 2012 estaban ya separados después de que las portadas revelasen una supuesta infidelidad del jugador… Con la hija de su mujer.

“Las cosas que sucedieron fueron atrocidades que me encontré”, llegó a contar Jenni Rivera. Poco después de la separación, en diciembre de 2012, la artista moría en un accidente de avión. “La sigo queriendo”, había declarado Loaiza, repudiado por la familia de su exesposa. Aquel hubiese sido un final suficientemente trágico para la historia del pícher, pero este imaginó una segunda temporada en la que la telenovela se convierte en un episodio de Narcos. Ahora podrá cantarle al juez eso de “Soy el fuego que arde tu piel, soy el agua que mata tu sed…”.

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