El All-Star de la NBA es algo más que el escaparate anual de la mejor liga de baloncesto para desplegar todo su poderío de márketing y deportivo. También es la oportunidad para los jugadores de divertirse en un largo fin de semana de fiestas y trabajo ligero. Quizás el aspecto mediático y lúdico del Partido de las Estrellas se haya salido de madre con el cambio de siglo y ahí se puedan encontrar las razones para la pérdida de competitividad del partido que da nombre al evento en el que también se disputan los concursos de mates y triples ( y el resto de inventos con escaso éxito). La NBA dio un primer paso para revitalizar la cita con el nuevo modelo de elección de equipos y también se piensa si dar mayores premios en metálico para motivar a los jugadores. Veremos cómo funciona la cita de este año en Los Ángeles. Mientras tanto, repasemos los 10 momentos imborrables de la historia del All-Star de la NBA.

Michael Jordan en Chicago en 1988. El fin de semana de las estrellas que vivió el número 23 en su casa del vetusto Chicago Stadium está entre las cumbres del All Star de la NBA. En el partido Este vs Oeste anotó 40 puntos y se llevó el premio de jugador más valioso. Y antes de eso, protagonizó un icónico concurso de mates con Dominique Wilkins, un espectáculo visual tan portentoso como polémico resultado, ya que muchos piensan que debió ser el mito de los Atlanta Hawks el que se llevase el premio a pesar del salto desde la línea de tiros libres de Jordan.

El concurso de mates de Vince Carter. A sus 40 años, Vince Carter sigue haciendo mates con la suficiencia de un portento físico que un día dominó el mundo. La exhibición del entonces escolta de los Toronto Raptors, con una exhibición de habilidad y capacidad atlética a la altura de los grandes mitos del mate, fue la cima del concurso del All-Star. Fue hace 17 años pero nadie lo ha olvidado. A pesar de los intentos de Zach LaVine, el actual rey del mate, y de Aaron Gordon (ambos ya amenazados por lesiones), la noche del año 2000 de Vince Carter parece difícil de superar.

La rebelión de los bajitos en el All-Star del 2001. Ya en el inicio del siglo se hablaba de la decadencia de nivel del All-Star, pero el año después del concurso de mates de Vince Carter se celebró uno de los partidos más emocionantes de los últimos lustros. La Conferencia Oeste ya dominaba entonces por cantidad y físico, pero en el Este Allen Iverson no estaba dispuesto a dejarse abusar y comandó una inolvidable remontada junto a otro pequeñín, Stephon Marbury. La actuación le valió a Iverson el MVP del Partido de las Estrellas y una muesca en su mito.

El himno estadounidense, por Marvin Gaye. El All-Star de la NBA de 1983 pasó a la historia ya desde antes del salto inicial. El mito del soul Marvin Gaye dejó al público del Forum de Inglewood al borde de una orgía de patriotismo con su interpretación lúbrica del himno de Estados Unidos, porque Gaye sería capaz de imprimir sensualidad y calidez a una oda funeraria. Con la base rítmica y melódica de un sintetizador, el hombre sentado en el muelle de la bahía hizo historia un año antes de que su padre le pegase un tiro.

El día que Kobe Bryant y Shaquille O’Neal sellaron su alianza. Shaq y Kobe estaban llamados a dominar con puño de hierro la NBA durante un ratito más después de sumar tres anillos en los Lakers. Pero la relación se hizo insostenible y los Lakers se deshicieron del pívot más dominador de la última era. Los dos ganarían anillos por separado, pero en el All-Star del 2009 los dos compartirían equipo en el Oeste y brillaron hasta el punto de ganar un MVP compartido. La última muestra de lo que pudo haber sido. “No es que vayamos a sentarnos a ver Magnolias de Acero y llorar ni nada por el estilo”, dijo Kobe tras el partido, quitándole romanticismo al asunto.

El último vals de Michael Jordan. En el 2003, el All-Star de la NBA contó por última vez con Michael Jordan, ni siquiera titular por los votos de la afición, en su gris etapa final con los Washington Wizards. No fue el partido más brillante del mejor jugador de la historia de la NBA, pero al final hubo esos destellos como la bella explosión de una estrella que llega años luz después de que se produjese. Todo en un duelo individual con Kobe Bryant. Nadie recuerda que Kevin Garnett fue el MVP de aquel partido.

La sobrada de Larry Bird. El All-Star de 1988 bien podría ser el mejor de la historia. Además del concurso de mates inolvidable entre Jordan y Wilkins y la actuación portentosa de His Airness en el Partido de las Estrellas, hay que sumar el concurso de triples. Larry Bird ganó su tercer concurso consecutivo sin quitarse la chaqueta de calentamiento. Su serie de tiros final, acabando con el índice en alto antes de que la pelota entrase, es iconografía del baloncesto. Es el momento de recordar que ese dedo índice Bird se lo reventó por un pelotazo jugando al béisbol antes de debutar en la NBA. Es decir, uno de los mejores tiradores de la historia tenía un dedo casi inservible de su mano útil.

El vuelo del diminuto Spud Webb. En 1986, el base de los Atlanta Hawks Spud Webb le quitó a su compañero Dominique Wilkins el título de mejor matador de la NBA. Hasta ahí todo normal. “Nunca antes me habían visto machacar”, dijo Webb de sus compañeros de los Hawks. Bueno, puede ser. Spud medí 1.68 metros. La probabilidad de que todo esto se repita es muy baja. Los saltos antigravitatorios de Spud Webb forman parte de la memoria colectiva de los All-Star. Después, actuaciones memorables de bajitos como Steve Francis y Nate Robinson (que también ganó un concurso) siguieron la estela del pionero.

El récord del All-Star es de Wilt Chamberlain. El totémico pívot de los Lakers estableció el récord de anotación de un Partido de las Estrellas con 42 puntos, sin por su puesto meter un triple y con serios problemas para meter sus tiros libres. Ocurrió en 1962 y ni siquiera en la fiesta de la no-defensa en que se ha convertido el All-Star en los últimos años ha permitido que los talentos actuales (armados hasta las cejas de triples) sean capaces de superar a The Tilt. Estuvo a punto Paul George en la última edición, pero por ahora la marca queda en la historia.

La reentrada de Magic Johnson en la NBA. El All-Star alcanzó su cima de repercusión mundial y relato cinematográfico con la reentrada de Magic Johnson en la NBA tras su retirada temporal al conocerse que tenía sida. Magic fue votado para ser titular y jugó el partido en Orlando, donde a pesar de las reticencias de algunos compañeros fue recibido con abrazos y el beso más simbólico de su amigo del alma Isiah Thomas (antes de pelearse y volver a hacer las paces). Magic fue nombrado MVP del partido de las estrellas y la imagen de otras caras famosas de la NBA tocando a un sudoroso Johnson y abrazándolo ayudó a normalizar ante el mundo la imagen de los portadores de VIH.

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