¿Recuerdan aquella ilusión infantil cuando estrenaban unas zapatillas de baloncesto nuevas y sentían que podría machacar el aro como los ídolos de la NBA que las calzaban? Ojalá el material deportivo pudiese convertirnos en campeones. No existen los milagros que transformen a un aficionado en una estrella, pero cuando son los propios deportistas profesionales los que prueban nuevos avances, ahí sí puede ocurrir un resultado extraordinario. Que se lo digan a Dom Parsons, un londinense de 30 años que ocupaba el puesto 12 en el ránking mundial de skeleton y que en el primer día de entrenamientos en Pyeongchang se convirtió en el más rápido de todos los participantes y en un claro aspirante a medalla. Todo gracias a su traje nuevo que incluye unos bordados estratégicamente colocados para mejorar la respuesta aerodinámica. “Las pequeñas diferencias que puedas obtener con la tecnología tienen un impacto”, explicó feliz Parsons después de que el diario The Guardian revelase el secreto del equipo olímpico de Gran Bretaña.

Tras el escándalo del dopaje ruso que sacudió los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, ahora preocupa que los británicos estén incurriendo en un “dopaje textil” en Pyeongchang 2018. En el skeleton, el peligrosísimo deporte en el que un piloto recorre un circuito de hielo tumbado con su pecho sobre un trineo y la cabeza al frente como un ariete a velocidades que exceden con mucho los 100 km/h, cada décima de segundo cuenta. El equipo británico, en el que milita la campeona de la categoría femenina en los anteriores Juegos, Lizzy Yarnold, está logrando en las primeras mangas en Corea del Sur unos resultados mucho mejores que en el resto de la temporada. Y el secreto, como en aquel frenesí que vivió el mundo de la natación hace años con unas marcas imposibles que acabaron siendo corregidas, está en la ropa que emplean.

La empresa TotalSim, radicada en Northampton y especializada en aerodinámica y computación de la dinámica de fluidos, y el Instituto Inglés del Deporte fueron los encargados de confeccionar los maillots del equipo británico de ciclismo para las competiciones de velódromo, otro escenario de máxima velocidad, con magnífico resultado. El mismo principio lo han aplicado a los monos elásticos de los deslizadores del skeleton. Unas rugosidades bordadas en los hombros y otras zonas crean turbulencias que reducen la resistencia del aire al avance del competidor, logrando pequeñas ganancias de tiempo en cada curva resultante en una gran rebaja al cronómetro en la línea de meta.

La inclusión de elementos aerodinámicos extraños en el casco o el trineo está prohibida. ¿Y esos bordados en la ropa? “No existen violaciones de las normas en los trajes presentados”, fue la respuesta de la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton a la nueva vestimenta de los resbaladores de Gran Bretaña.

La inversión tecnológica de la selección llega hasta el punto de que han contratado a una antigua ingeniera de McLaren (sí, el equipo de Fórmula 1 de Fernando Alonso) para pulir detalles de los trineos. Y, según la BBC, todo esto se mira con sospecha desde equipos como el estadounidense, cuya representante Katie Uhlaender compartió en Twitter el párrafo del reglamento que habla de la ropa, citando la frase “ningún tipo de elemento aerodinámico puede añadirse fuera o bajo el traje de carreras”. Como las rugosidades de los británicos forman parte del propio tejido como si fuesen un bordado, hasta la fecha han recibido el visto bueno de la competición.

En el momento de escribir estas líneas aún no ha concluido la prueba olímpica de skeleton, pero si los resultados son extraordinariamente positivos para los británicos, en este deporte habrá comenzado una carrera paralela a la del circuito: la del taller de costura. Sobre todo si finamente Dom Parsons, el 12 del mundo, consigue colgarse la medalla de oro olímpica por delante del favorito y campeón mundial, Yun Sung-bin, más conocido como Iron Man por su espectacular casco que replica el del superhéroe de Marvel. A él le toca frenar a los ingleses, observados ahora como los supervillanos de la competición.

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