Gianni Infantino tiene mucho trabajo por delante. A su espalda persiste una hedionda nube negra, el rastro de corrupción de la FIFA, el organismo rector del fútbol mundial que el italosuizo preside desde hace dos años. En el comité federativo de finales de mes presentará un documento con propuestas para mejorar las competiciones futbolísticas. Y aunque normalmente haya que taparse la nariz ante cualquier idea de la FIFA, en esta ocasión cuesta no celebrar su sensatez. En declaraciones a la ESPN, Infantino ha lamentado la laxitud con la que las diferentes ligas europeas tratan las ventanas de fichajes. Los clubes más potentes pueden fichar a su antojo en el mercado de invierno, desmantelando incluso a rivales directos, por lo que las plantillas que inician la competición pueden no tener nada que ver con las que la terminan. Además, en Europa cada país clausura el mercado de verano en una semana diferente. Por eso celebra la petición de la Premier League (y parece mentira que tenga que venir del torneo más acaudalado) para cerrar el período de fichajes obligatoriamente antes de la primera jornada del campeonato. “Me gusta mucho la propuesta de la Premier, tiene mucho sentido, sabrás qué jugadores serán los tuyos durante todo el año”, explicó el jefe global del balompié.

Así las cosas, fichajes como el de Alexis Sánchez, que dejó el Arsenal por un rival directo como el Manchester United; o el de Philippe Coutinho por el Barcelona, que privó al Liverpool de su mejor futbolista mediada la temporada, se acabarían. De igual modo, se quiere proteger a los clubes menos poderosos económicamente, que pueden ver alterada su suerte en una competición si los equipos con más músculo económico les arrebatan a sus figuras mediado el torneo. “No me gusta ver que un jugador hace la primera fase de una competición con un equipo y la segunda con otro. No es nostalgia, las reglas cambian, pero me gustaría recuperar los valores que han hecho grandioso al fútbol”, se explayó Gianni Infantino en La Gazzetta dello Sport.

Pero esos límites deberán superar la oposición de los clubes más potentes de Europa y de una figura cada vez más relevante en el fútbol: los agentes, personajes tan temidos como Mino Raiola que mueven futbolistas al antojo de su bolsillo. Según el titular de la FIFA, en 2017 circularon 5.100 millones de euros en transferencias internacionales de futbolistas, con un lucro para los intermediarios de 400 millones de euros pero una mínima inversión en el aspecto formativo de los jugadores. “Creo que el aumento de las comisiones pagadas a los agentes ha tomado una dirección preocupante. Muchos agentes están de acuerdo conmigo y desearían más supervisión”, afirmaba en Estados Unidos esta semana. Para remediar esto, una idea importada de la NBA y que de algún modo se intenta aplicar en ligas como la española para supervisar la estabilidad económica de los clubes: un límite salarial al que Infantino añadiría también un tope para “las cantidades desembolsadas para adquirir a un jugador”. Si eso sucediese, tal vez el valor de Neymar Jr. (¿y de Gareth Bale?) quedaría como el mayor establecido jamás para un futbolista.

La FIFA hace una mueca de disgusto al ver el bazar en el que se está convirtiendo el fútbol. “Las cesiones se deben regular, con una normativa específica para los jóvenes”, alerta el mandamás ante el caso que refiere L’Equipe del Udinese. El equipo italiano, controlado por la familia Pozzo, adquiere futbolistas al por mayor (llegó a tener 103 en nómina), excedentes con los que mercadea repartiéndolos por diversos clubes y ligas. “A todos nos interesa, como aficionados, que los mejores jugadores, jueguen”, añadió como crítica a la presencia de buenos futbolistas sin oportunidades en el banquillo de clubes que se afanan en acumular talento que luego no ponen a jugar.

Si en lugar de actuar como una organización al servicio del beneficio político y económico, la FIFA comienza a actuar como un estamento que vela por la igualdad de oportunidades y la armonía en las competiciones, Gianni Infantino habrá dado un paso en la dirección correcta para lavar su imagen. El 28 de febrero, en Zúrich, tendrá la ocasión de demostrarlo.

No Hay Más Artículos