“No solo soy un biatleta, sino también un cazador entusiasta. Si guardar todos mis rifles de deporte y mis rifles de caza significase que se puede salvar una vida, lo haría”. Lo dice Tim Burke, uno de los miembros del equipo olímpico de Estados Unidos. El Washington Post ha recogido la opinión de los representantes de una modalidad en la que se compite con una carabina justo en el momento en el que su país vuelve a estar inmerso en un debate acerca de las armas.

Diecisiete personas, entre estudiantes, profesores y personal del centro fueron asesinadas hace una semana en el Instituto Marjory Stoneman Douglas de Parkland, Florida. El autor de la masacre, un joven de 19 años, portaba un rifle de asalto. Y a los atletas que emplean armas de fuego en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang 2018 les parece que es hora de decir “basta”. “Apoyo una prohibición total de las armas de asalto. Honestamente. Nuestro país necesita abrir los ojos. Nuestro país necesita cambiar. No hay excusas”, protestaba desde Corea del Sur Lowell Bailey, otro biatleta. 

La infame Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos (NRA), con la connivencia del presidente Donald Trump, ha vuelto a reivindicar la necesidad de combatir las armas con más armas. Para acabar con las masacres en los centros académicos, el líder de la NRA, Wayne Lapierre, cree que es preciso armar a los profesores: “Que dios nos ayude si no reforzamos nuestras escuelas y protegemos a nuestros hijos”. Siendo más explícito, declaró que para eliminar “a un tipo malo con un arma” se necesita “otro tipo bueno con un arma”. 

Susan Dunklee, otra integrante del equipo olímpico estadounidense de biatlón, reconocía que le afecta saber que una herramienta con la que compite puede emplearse para matar gente: “Cada vez que sucede algo así (en referencia a la masacre de Florida), me pongo mala del estómago solo de pensarlo. Esto está tan alejado de ese tipo de disparos… Esto es un deporte de precisión. Usamos un calibre 22 y trabajamos el control de las emociones. Pero aún así permanece esa relación de que se trata de un arma de fuego. Y realmente me arrebata mucho del disfrute que tenía por practicar un deporte como este”. 

Como sucede siempre que va a haber una actividad que sitúa las armas en primer plano de forma positiva, la NRA decidió promocionar el biatlón antes de los Juegos Olímpicos. Lo hizo con guías para el público norteamericano sobre cómo seguir la competición. Pero los practicantes del deporte han hecho públicas por fin sus discrepancias con el acceso sin restricciones al armamento. Una particularidad del país de las barras y estrellas que los participantes de otros países no comprenden. “Están desconcertados con el paisaje político de Estados Unidos y con cómo seguimos poniendo armas de asalto en las manos de cualquiera que quiera entrar en una tienda de armas y comprar una”, confesó resignado Lowell Bailey sobre lo que le cuentan los biatletas de otras nacionalidades. Ahora es él mismo y sus compañeros, que usan rifles para el deporte, quienes piden que en su país se prohíba portar armas de guerra por deporte

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