Stephen Ross va camino de los 80 años, es un habitual de la revista Forbes (no como comprador, de eso no tenemos constancia, sino como personaje de la publicación sobre la élite económica mundial) y es dueño de los Miami Dolphins. Pero como muchos otros colegas de clubes de campo y listas de millonarios, está empeñado en expandir su negocio en el deporte de Europa. Sólo que mientras otros blancos anglosajones y ricos invierten en la propiedad de diversos clubes de fútbol, Ross quiere ir un poco más lejos: quiere tener su propia competición. Y no una cualquiera, de hecho eso ya lo tiene, sino la Superliga europea. Y si para ello tiene que pasar por encima de la Champions League y de los campeonatos nacionales, pues sea. 

El diario Sportbild ha publicado los detalles del nuevo proyecto de Superliga continental, con dos detalles que van en la línea estadounidense y neoliberal que impregna una nueva era política. Por un lado, la nueva competición descarta que haya descensos, al estilo de las grandes ligas norteamericanas. En ese sentido, los críticos señalan que tampoco hay tanta diferencia con la actual Champions, más aún con los últimos cambios, que facilitan sobremanera que se repitan y se repitan equipos y enfrentamientos. Por otro lado, y esto es lo mejor del plan de Stephen Ross, no habría límite de gasto, el famoso Fair Play financiero de la UEFA sería una entelequia, y habría barra libre para fichar y pagar salarios. El paraíso del PSG y del Manchester City, sobre todo.

El coto cerrado sin descensos y dinero a espuertas estaría limitado a equipos de España, Inglaterra, Italia, Francia (a lo mejor el plural de equipos en este caso hay que ponerlo en duda) y Alemania. Es posible que los aficionados más elitistas de los equipos afectados empiecen a sacar pecho ante el panorama, pero para el resto está claro que, aunque Stephen Ross diga que la Superliga europea no depreciará los campeonatos nacionales, parece evidente que los Real Madrid, Bayern de Múnich y Chelsea de la vida armarán superequipos para su Superliga y en las ligas locales jugarán los secundarios. Es lo que sucede en Brasil con los campeonatos estatales y el Brasileirão, por más que los clubes y las televisiones digan que los torneos paulista, carioca, etc son la verdadera esencia del fútbol brasileño.

Stephen Ross es el culpable de que las otrora pintoresca pretemporada de los clubes europeos llevasen a los grandes clubes de cada país a esquinas un poco alejadas del fútbol de élite, creando torneos para que los equipos de Champions que ya se enfrentan entre sí hasta aburrirse también se peleen en verano. La amenaza de la Superliga europea, lejos de serlo para la oxidada Champions League, lo es para el aficionado neutral.