A sus 62 años, 36 de ellos como entrenadora de baloncesto, a Muffet McGraw no le quedaban muchas cosas por ver sobre el parqué. Y aun así, cuando Arike Ogumbowale anotó una canasta imposible en el último segundo del partido por el título del campeonato universitario, no supo muy bien qué hacer. Mientras a su alrededor se desataba el caos y sus jugadoras y asistentes saltaban corriendo del banquillo, ella solo era capaz de mantener la boca abierta en una mueca de asombro permanente. No era para menos: su equipo, la Universidad de Notre Dame, acababa de ganar la Final Four de la NCAA con dos victorias en el último segundo. 

McGraw es una leyenda del baloncesto estadounidense que forma parte del Naismith Memorial Hall of Fame de Springfield desde 2017. Se hizo cargo de las Fighting Irish de Notre Dame hace 31 años y el título logrado anoche supone su victoria 800 al frente del equipo en 1.029 partidos entrenados. Muffet, que es un sobrenombre tomado de una canción de cuna americana (su verdadero nombre es Ann O’Brien McGraw), condujo a la universidad del estado de Indiana a ocho Final Fours. Perdió en su primera aparición en 1997, pero ganó en la segunda, en 2001. Entre 2011 y 2015 llegó siempre a la gran cita y perdió todas y cada una de las veces. Hasta ayer. 

Mientras que el milagro de Loyola-Chicago impulsado por la Hermana Jean en la Final Four masculina solo llegó hasta las semifinales, el de Notre Dame fue completo. No tuvo como protagonista a una monja, sino a una muchacha de Milwaukee, fan de Kobe Bryant y temeraria como el mítico laker a la hora de jugarse tiros en el último segundo de partido. Con uno de ellos eliminó en la penúltima ronda a UConn, la universidad favorita al título y, contra todo pronóstico, volvió a hacerlo para culminar una remontada épica ante Mississippi State. Arike Ogunbowale es el nombre del día en Estados Unidos. 

Muchos se fueron al descanso de la final pensando que el partido estaba acabado. Notre Dame se había pasado ocho minutos del segundo cuarto sin lograr una sola canasta y terminó ese período con solo tres puntos. 17-30 para las Bulldogs en el ecuador del partido. Fuese lo que fuese lo que la coach McGraw dijo en el vestuario, funcionó. Un parcial de 16-1 para las Irish en el tercer cuarto las devolvió al partido.

Hasta entonces Ogumbowale solo había anotado dos tantos. Sumó 16 más en la segunda parte, incluyendo ese triple para la historia que supuso el 61-58 final y que dejó a su entrenadora y a todo el mundo boquiabierto.