Si hay algo que no necesita el Real Madrid es la exageración. El club deportivo más laureado del mundo, acostumbrado a ganar todos los años y con una historia jalonada por gestas, tiene un entorno mediático que tiende a convertir en histórico casi cualquier triunfo, casi cualquier gol. De ahí la pereza de los aficionados no ya contrarios al Madrid, sino neutrales cuando vieron a Cristiano Ronaldo elevarse a los cielos de Turín y marcar un golazo que perdurará en la memoria. No porque consideren que la chilena del portugués sea rutinaria, sino por lo que les esperaba en los días posteriores. Y así fue: inmediatamente, el gol de Cristiano Ronaldo fue considerado como el mejor de la historia de la Champions League, se hacen sesudos estudios físicos de su elevación y velocidad de impacto, y se le considera la mejor chilena de la historia por más que la evidencia visual encuentre remates incluso más perfectos, incluso más violentos, o incluso más estéticos.

Quizás lo mejor sería simplemente disfrutar del gol de Cristiano Ronaldo, y por extensión de un jugador que ya es leyenda del Real Madrid, lo que no es moco de pavo. Hacerlo en una eliminatoria de Champions con el partido en el aire tiene mérito. Pero la grandeza del Real Madrid es tal que el entrenador de Cristiano, Zinedine Zidane, marcó un gol tan difícil como el suyo, mucho más importante (en una final, nada menos) y, sobre todo, de una belleza hipnótica que no puede competir con nada. Pocas veces un futbolista podrá ver que su entrenador le diga ‘Yo marqué uno más bonito que el tuyo’. Y aún encima a Cristiano Ronaldo.

Pero la mítica volea de Zidane no era una chilena, un remate que se atribuye a futbolista vasco emigrado a Chile, Ramón Unzaga, y popularizado en Europa por un delantero del país andino en los años 20 del pasado siglo. Perú y Brasil (donde se llama al remate bicicleta) también piden el origen de esa elevación de espaldas para equilibrarse con una pierna y golpear con la otra. Así que al gol de Cristiano Ronaldo en Turín hay que compararlo con otros de su misma especie. Pelé convirtió el mítico remate en estampa de la máxima dificultad y épica del fútbol en una coregrafiada chilena en el final de Evasión o victoria, referencia de ficción a la que tuvo que responder Zidane en sala de prensa.

Volviendo al mundo real, en el propio Real Madrid hubo otro goleador de leyenda, con el que algunos comparan a Cristiano Ronaldo cuando quieren hacer de menos su dimensión como futbolista en la eterna comparación con Leo Messi. Hugo Sánchez hizo del gol de chilena una rutina. Quizás ninguna tan perfecta como la que le hizo al Logroñés en una imagen grabada a fuego en varias generaciones de aficionados españoles al fútbol.

Más estética aún (porque todo lo que hacía era de una belleza natural difícil de igualar) fue la chilena que clavó Marco Van Basten cuando aún era un adolescente jugando para el Ajax. La altura del delantero holandés le da puntos en su gesto estético y la perfección del remate, potente y al ángulo, ayuda al efecto. Quizás el mejor gol de la carrera de Van Basten, por encima de su volea imposible para Holanda en la Eurocopa del 88.

Hay muchos grandes jugadores que hicieron chilenas para el recuerdo. En los últimos tiempos, es difícil obviar el remate perfecto de Wayne Rooney para el Manchester United, o la exhibición física y de fe de Zlatan Ibrahimovic, rematando de chilena a 40 metros de la portería con increíble precisión y más potencia. Pocos más enfáticos y orgásmicos que el gol de Rivaldo para el Barcelona en una última jornada de liga española, un tanto que permitía a su equipo derrotar en el último segundo del partido al Valencia y asegurar una plaza en la Champions League. Ese control con el pecho y chilena es parte de la historia contemporánea del Barça.

Pero quizás la chilena más brutal de la era moderna del fútbol corresponda a un futbolista de dimensión muy inferior a todos los que se han citado arriba. A Cristiano Ronaldo le daría mucha rabia saber que Trevor Sinclair, delantero de batalla de los albores de la Premier League (y aún encima con esos pelos tan noventeros) pudo haber marcado un gol más bonito que el suyo. El Queen’s Park Rangers no es el Real Madrid ni un partido contra el Barnsley en la FA Cup es la Champions, pero su remate merece colarse entre las chilenas más ilustres.

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