Se terminaron los XXI Juegos de la Commonwealth sin que nadie fuera de los 53 estados que forman parte de la antigua Mancomunidad Británica de Naciones haya prestado mucha atención. La falta de marcas deportivas relevantes y el limitado número de competidores hacen que para los territorios sin vínculos anglosajones esta seudolimpiada pase desapercibida salvo cuando media alguna visita de relumbrón como la de Usain Bolt o se produce una situación vergonzosa como la falta de asistencia a un maratoniano que colapsó en su prueba . Pero esta edición de 2018 celebrada en Gold Coast ha acabado generando una noticia de interés global: la peor ceremonia de clausura que se recuerda en un evento deportivo de estas características

El fiasco fue de tal calibre que el público presente en el Estadio de Gold Coast, la ciudad del estado australiano de Queensland que acogió las competiciones, abandonó sus localidades antes de que terminase el espectáculo. Pero lo más sorprendente es que también lo hicieron los propios deportistas a los que se consagraba la fiesta, aburridos de escuchar largos discursos políticos y frustrados porque se les robase su merecido protagonismo. 

La charlatanería de los cargos institucionales agotó la paciencia de público y participantes, ya molestos porque se eliminó de la ceremonia una de las tradiciones más importantes: el desfile de los atletas acompañado a su bandera correspondiente para recibir el aplauso del público por su esfuerzo. La retransmisión televisiva comenzó con las pistas del estadio ya repletas, sin que los aficionados pudiesen reconocer a sus ídolos. 

“Los discursos fueron muchos y muy largos. Yo contribuí a eso y lo reconozco”, se disculpó en las redes sociales Peter Beattie, el antiguo gobernador de Queensland y presidente del comité organizador de los Juegos. “Queríamos que los deportistas fuesen parte y disfrutasen la Ceremonia de Clausura. Sin embargo, hacerlos entrar en el estadio antes de comenzar el espectáculo significó que la audiencia televisiva no pudo verlos desfilar junto a los portadores de las banderas. Nos equivocamos en eso”, abundó. La sucesora de Beattie en el gobierno reginonal, la premier y ministra de Comercio Annastacia Palaszczuk no ahorró las críticas a su predecesor por el desaguisado: “Los organizadores deberían agachar las cabezas avergonzados”. 

Las redes sociales comenzaron a mostrar vídeos del público abandonando sus asientos con la fiesta todavía en marcha y viandantes que estaban en los aledaños del recinto veían sorprendidos cómo una marea de personas salía a la calle mientras todavía retumbaba la música y asomaban las luces del interior. En la propia televisión australiana que retransmitía el evento no se ahorraban las críticas por “romper una tradición tan importante en los Juegos de la Commonwealth” como mostrar a los deportistas con su bandera. Los comentaristas no escondieron que “jamas habíamos visto un recinto tan vacío como este tan poco tiempo después de acabar la ceremonia y, para ser brutalmente honestos, la mayoría de los deportistas ya se habían marchado durante la ceremonia”. 

Para Peter Beattie, el de la Commonwealth no es su único fiasco en relación con el deporte. Hoy mismo metió la pata espectacularmente en directo en la televisión. El exgobernador es el nuevo comisionado de la Liga de Rugby de Australia, uno de los deportes más populares del país. Al acercársele un niño vistiendo una camiseta azul y grana lo saludó ante las cámaras diciendo “Obviamente eres un aficionado de los (Newcastle) Knights” sin darse cuenta de que el crío llevaba una prenda del FC Barcelona, el equipo español de fútbol. El propio presentador, pasmado, no pudo reprimir el chiste: “Déjenme decirles que Peter Beattie está al tanto en materia deportiva”. 

No, no ha sido la mejor semana de Peter Beattie. 

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