Desde que comenzó su publicación en 1984, nunca ha cesado la fiebre por Dragon Ball, el manga de aventuras, artes marciales y chifladuras creado por Akira Toriyama, después transformado en serie de dibujos animados para televisión. Pero la afición por Son Goku y sus compañeros ha resurgido en los últimos meses con la continuación del anime original, Dragon Ball Super. Tan fuerte sigue pegando el kame-hame-ha que hasta se deja sentir en el deporte. En ningún lado como en el vestuario de los Chinatrust Brothers, un equipo de béisbol profesional de Taiwán que va a cambiar su uniforme en los partidos de mayo por uno que recuerda el de los personajes de la serie.

Los Elefantes, uno de los equipos más populares de la isla asiática, serán el primer equipo profesional en recibir un patrocinio oficial de la serie, hasta el punto de que cambiarán su nombre durante unos días de Brothers a BrotherZ, un guiño a Dragon Ball Z. Algunos de los dobladores de la serie también harán acto de presencia en los dos encuentros en los que el equipo lucirá de esa guisa y se venderán productos relacionados con la acción promocional. 

Si comienzan a llegar solicitudes desde la MLB estadounidense para hacerse con réplicas de los uniformes, sería algo que no extrañaría a nadie, visto el furor que la ficción japonesa y las prendas deportivas personalizadas están provocando en la NBA e incluso en el fútbol europeo. 

El delantero del Crystal Palace de la Premier League Bakary Sako asombró al estrenar esta temporada sus botas con dibujos que parecían del propio Toriyama. En realidad se trataban de un diseño realizado por el dibujante Pierre Navarro, especializado en decorar calzado por encargo, y que ya había hecho trabajos para jugadores de la Bundesliga como Aubameyang y Podolski

Entre la colección de Sako había unas botas dedicadas a One Piece, otra de las series japonesas más populares y la favorita de un auténtico otaku como Steven Adams, el pívot de los Oklahoma City Thunder de la NBA. En la serie de playoffs que OKC está jugando contra Utah Jazz, el pívot francés Rudy Gobert lució sobre el parqué unas zapatillas dedicadas a Luffy, el personaje protagonista. Cuando le preguntaron a Adams por el calzado del rival con el que se pega por los rebotes, tuvo que contener su asombro y admiración antes de volver a meterse en su personaje de tipo duro: “Bien por él. Aun así, lo odio”.

Los pies de Gobert estaban decorados por Kickstradomis, el más afamado de los customizadores de botines para las figuras del baloncesto mundial. Entre sus trabajos abundan los dibujos de Dragon Ball, aunque también hace otros diseños inspirados en fenómenos de éxito de la cultura popular, como Black Panther o El Rey León. Las primeras fueron una petición de Donovan Mitchell, y las segundas de Ricky Rubio, compañeros de Gobert en Utah. 

De todas maneras, y pese a la devoción colectiva por Son Goku, si hubiese que quedarse con un par de botas personalizadas por Kickstradomis, esas serían las que hizo para que Trevor Booker luciese con esos Indiana Pacers que tanta guerra le están dando a LeBron James y sus Cavs. En ellas aparece Reggie Miller, mito pacer y legandario trash-talker, con su característico gesto de choke, el ahogamiento con el que apelaba a los nervios de los rivales. Más temible que cualquier superhéroe de ficción. 

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