Quizás se sienta con derecho a un palco en el Estadio Olímpico de Kiev. A fin de cuentas, si la final de la Champions League 2018 se juega en la capital ucraniana es porque así se decidió cuando Michel Platini era aún presidente de la UEFA. Hasta ayer su presencia resultaría incómoda en cualquier escenario público del fútbol europeo, pero ahora mismo el francés se siente legitimado para lo que sea. La justicia suiza lo ha absuelto del delito de corrupción derivado del cobro en 2011 de 1,8 millones de euros autorizado por Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, según adelantó el diario Le Monde. “Es demasiado pronto para decirlo, pero lo que si sé es que regresaré al fútbol”, avisó a las pocas horas Platini a través de un comunicado. 

Al iniciarse la investigación contra él, el que fuera uno de los mejores futbolistas de la década de los ochenta fue inhabilitado para cualquier tipo de actividad relacionada con el fútbol durante ocho años, un castigo que el Tribunal de Arbitraje Deportivo redujo después a cuatro años. Ahora exige la restitución de su buen nombre: “Espero que la FIFA tenga el coraje y la decencia de anular mi suspensión”.

Sin embargo, el máximo estamento internacional del fútbol que ahora dirige Gianni Infantino, antiguo ayudante del propio Platini, replica al antiguo responsable de la UEFA que su suspensión se debió a una “violación del código ético”. “Siempre estuvo muy claro tanto para la FIFA como para el TAS que el señor Platini no fue nunca perseguido por una investigación criminal en Suiza. Los elementos de una acto criminal en la ley suiza son diferentes de los que son tenidos en cuenta en un acto previsto por el código ético de la FIFA”, resuelve. 

El dinero que cobró Platini respondía a unos supuestos trabajos hechos entre 1998 y 2002, pero la consignación del dinero que hizo Blatter se produjo de forma poco transparente y durante la campaña del suizo para la reelección al frente de la FIFA. Ahora la justicia suiza considera que “no hay cargos suficientes” contra el francés y no será procesado. 

“Estos años han sido difíciles y dolorosos. Mi honor e integridad han sido empañados y me han robado los tres últimos años de mi vida profesional”, se lamenta el tres veces Balón de Oro, ansioso por volver a un puesto relevante en el fútbol. Sucede que los estamentos deportivos no tienen prisa por volverlo a ver en un cargo de responsabilidad, máxime cuando recientemente se ufanaba de haber hecho “pequeños arreglos” para que en el Mundial de Francia’98 la selección anfitriona, a la postre campeona, no se pudiese enfrentar a la favorita, Brasil, hasta la final.

Si a Platini el amaño de un sorteo le parece un pecado confesable, se comprende el poco interés de la FIFA por levantarle la sanción. 

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